Opinión: «Detrás del diploma: El poder de reconocer a nuestras niñeces»

Por Ángela Aguilera, Educadora de Párvulos.

Hoy, nuevamente, premié a las niñas lectoras del mes y a los niños que participaron en un concurso relámpago durante el recreo. Aun cuando han sido muchas las dinámicas y premiaciones que he realizado durante mi tiempo en la biblioteca, no deja de sorprenderme lo felices que se ponen y lo significativo que resulta para ellos ese reconocimiento. Hoy volví a escuchar esa frase que cala profundo: «A mí nunca me habían premiado», la cual me hace reflexionar sobre lo poco valorados que se sienten nuestros niños y lo poco que los adultos contribuimos a cambiar esa realidad.

Hace algún tiempo recibí una crítica en la que me decían que no siempre era necesario dar regalos. La verdad es que, en lo personal, me gusta hacerlo; sin embargo, está claro que no siempre puedo y menos a todos (no hay bolsillo que aguante). Por eso he optado por variar con actividades como salidas pedagógicas o periodos de juegos en la biblioteca para todo el curso. Esto, además de resolver el problema financiero, genera un excelente momento de convivencia para el grupo.

Espero que nunca me deje de importar que los niños y niñas lo pasen bien y se sientan valorados. Mi meta es ayudarlos a descubrir para qué son buenos y que entiendan que no deben dejar que otros definan de qué son capaces. Esto es especialmente crucial en esta época, donde es tan difícil ser joven debido a las múltiples exigencias de validación externa: por cómo se ven, cómo se visten, dónde viven, dónde estudian o cuántos seguidores y likes tienen.

Verlos llegar corriendo al cuarto piso para decirme lo felices o sorprendidos que estaban, escuchar a otros felicitar con sinceridad a su compañero premiado, o que me digan (y cumplan) que van a leer más para participar en los próximos concursos, me demuestra algo fundamental: nuestras niñeces y juventudes no sufren de flojera o apatía, como escucho a veces. Solo necesitan sentirse motivados y saber que hay personas a las que verdaderamente les importan, demostrándoselo con hechos y no solo con palabras.

Es preocupante el porcentaje de niños, niñas y adolescentes con problemas de baja autoestima y salud mental con los que convivimos a diario. En la escuela, además de lograr que aprendan, debemos trabajar estos aspectos y brindar una contención que los ayude a salir adelante.

Cada día resulta más complicado para quienes ejercemos la “PEGAGODÍA” ( como decía un colega) trabajar con nuestros estudiantes, pues no siempre contamos con las competencias ni con los recursos para ayudarlos. Sin embargo, tengo la certeza de que quienes estamos comprometidos con nuestros futuros adultos ponemos el alma para que sean personas felices. Cada uno de esos pequeños detalles marca la trayectoria de sus vidas y puede hacer la diferencia entre formar un adulto simplemente funcional y formar a un adulto bueno y feliz.

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