Ensayos Musicales: «A 29 años de un manifiesto incómodo: Fome de Los Tres y el arte de dinamitar el éxito juvenil»

Por Sebastián Hidalgo Retamal, bajista, compositor y socio cooperativa ajuste de cuentas sello musical

Hoy: Fome – Los Tres, 1997, Columbia Records

Hay discos que nacen para conquistar el mundo y otros que aparecen cuando el mundo ya fue conquistado. Fome pertenece a la segunda categoría. Publicado en 1997, luego del éxito masivo de La Espada & la Pared y de la consolidación de Los Tres como el principal referente del rock chileno de los noventa, el álbum llegó para cometer el peor pecado posible dentro de la industria musical: negarse a repetir la fórmula que lo había llevado al éxito.
Entonces ¿Es Fome el inicio del declive de Los Tres o más bien la obra donde la banda alcanza su madurez artística?

Contexto: El fin de las epopeyas

Los noventa fue una década extraña para Chile. La democracia había regresado, pero las promesas de La Alegría comenzaban a diluirse frente al crecimiento económico, como si ese porcentaje “fuese, o hubiese sido el Socialismo”. Pero este crecimiento no resuelve automáticamente las preguntas sobre identidad, comunidad o felicidad. La euforia inicial empieza a convivir con una sensación difícil de nombrar: el desencanto.

No olvidemos además que 1997 es un año bisagra. La transición chilena ya no parece una promesa sino una realidad consolidada; el neoliberalismo ha dejado de presentarse como proyecto para convertirse en paisaje y desde Tailandia comienza la primera pandemia económica: La Crisis Asiática.

Algo similar ocurre con el rock chileno. Las bandas que habían construido su prestigio durante la primera mitad de la década enfrentan una pregunta incómoda: ¿qué hacer cuando ya se llegó a la meta? La rebeldía funciona bien cuando existe un adversario visible, pero se vuelve difusa cuando el enemigo es la rutina, el mercado o uno mismo.

La caída del ídolo

Existe una diferencia entre ser admirado y crear.
Los ídolos necesitan satisfacer expectativas, los artistas perseguir obsesiones.

Durante buena parte de los noventa, Álvaro Henríquez había sido una especie de héroe improbable: brillante compositor popular, defensor de la tradición musical chilena y líder de una banda transversal, pero en Fome aparece otra figura: Ya no es el narrador juguetón de los primeros discos como tampoco el conquistador seguro de sí mismo. En Fome es un compositor atravesado por la incertidumbre, el desgaste emocional y la sospecha de que la fama jamás le entregó aquello que prometió.

Si La Espada & la Pared era una celebración del encuentro, Fome parece preguntarse qué queda cuando la fiesta termina.

La producción: el arte de no demostrar nada
Hay una madurez muy particular que consiste en dejar de intentar impresionar.

Fome está lleno de decisiones que van en contra de la lógica comercial de la época. Las canciones se toman su tiempo, las dinámicas respiran, los arreglos aparecen cuando son necesarios y desaparecen cuando ya dijeron lo que tenían que decir.

La banda suena enorme precisamente porque no intenta sonar enorme, todo importa: los silencios, las texturas, las imperfecciones; es ahí donde reside la madurez en ese abandonar la ansiedad juvenil para comenzar a mostrar experiencia y confianza: La juventud suele componer para ser escuchada, La madurez porque necesita decir algo.

Las canciones

Fome es un álbum extenso por lo que hablaremos de él desde las canciones que siento que concentran mejor su espíritu.

Claus abre el disco con una sensación extraña de cansancio elegante. Un caminar de ficción detectivesca en blanco y negro, una invitación a estar atentos y cautos a lo que viene, atmósferas y tensión en épocas de incertidumbre.

Bolsa de Mareo transforma el desconcierto en música. No es casualidad su título. La canción parece oscilar entre distintas emociones sin encontrar un punto estable, exactamente igual que los hablantes de este disco.

El hablante lírico nos habla desde el hastío de estar en la cima, pide imposibles y se molesta por la insistencia de todas la solicitudes.

El verso es un constante descenso en tensión en la guitarra rítmica que explota en un estribillo que sugiere la necesidad de volver a ser nadie.

Toco Fondo es el descubrirse superado y la aceptación de esto, una de las grandes cualidades de Los Tres es saber construir estos escenarios, su interpretación nos dice mucho: nos vemos humildad en el verso principal y el sentir conformista en el estribillo. La vida es lo que nos tocó vivir, el tema se baña de lo cotidiano

Olor a Gas nos recuerda la levedad del ser, hay una tragedia en primera persona, una muerte y un funeral al cual vamos a honrar al difunto, pero la música no es ni triste ni trágica, quizás porque en una sociedad individualista siquiera la muerte nos sorprenda o quizás porque al muerto no le quedan deudos, lo cual, de por si nos devuelve a la idea de la alienación de las sociedades modernas.

De hacerse se va a hacer lleva consigo el peso del disco; refleja al ser agotado que debe someter su voluntad a la producción sin importar cargar la corona de espinas, al ser que tiene al sacrificio internalizado como parte de la naturaleza del éxito y que cree que todo se puede lograr si te esfuerzas lo suficiente pero que no considera su realidad material.

Aquí las progresiones tienen esa sensación de andar mirando por la ventana en el transporte público del Bio-Bio en esa decada: cielos nublados, lluvias y resignación a un devenir donde no tenemos muchas posibilidades de vidas por vivir.

Hay rabia en Antes: La rabia de descubrirse repitiendo el ciclo de la vida que en juventud juramos destruir, la rabia de ser un lastre con profesión, la rabia de no saber quienes somos dentro de una sociedad que solo ve metas a cumplir.

Y de fondo repetimos como mantra una canción que no nos era propia y que ahora si porque ya no somos hijos, ahora somos padres porque “como antes, más que antes, como ayer”.

En Fealdad Henríquez abandona cualquier intento de construir una figura heroica, acepta la derrota y se permite habitar la fragilidad. opera como una declaración estética.

Letra y música habla del sentir al cerrar un ciclo amoroso de la manera más cruda posible, cuando ya no queda nada más que “Un aburrimiento mortal hacia ti”, desolación y dolor completan el paisaje lirico y sonoro.

En una industria obsesionada con agradar, la canción reivindica aquello que incomoda y en esto se nos muestra la verdad aunque sea dolorosa.

La Torre de Babel es la parábola del riesgo en las pasiones: Gabriel, nuestro protagonista, muere a causa de su pasión, a su vez la canción juega con el hecho de que como sociedad somos reaccionarios y falsos moralistas “¡No lo puedo creer! / Eres muy mal ciudadano / Pues tu sobrino y hermano Tal vez nunca pueda volver”. Junto con esto señalarnos (tarde) que siempre sufrimos las tragedias previsibles que no quisimos solucionar.

Me Arrendé es el cierre de esta historia de enajenación del yo, es el volver a ser humano cuando ya agotamos nuestra “sangre verdadera”, un reinicio al poder sentir de nuevo el sol en nuestro rostro, el mismo que nos fue arrebatado al volcar toda nuestra existencia a la producción y metas que no nos son propias sino que obedecen a la estética noventera del éxito.

Palabras finales

Quizás el problema de Fome sea que apareció demasiado pronto. Hoy vivimos rodeados de discursos sobre salud mental, agotamiento emocional y desencanto social. Sin embargo, en 1997 todavía predominaba la obligación cultural de mostrarse exitoso, optimista y seguro y el disco desafía precisamente esa narrativa: nos habla de dudas cuando todos quieren certezas, nos habla de pérdidas cuando todos celebran triunfos, nos habla de humanidad cuando el mercado exige personajes.

Fome no es el disco de una banda en decadencia, es el disco de una banda que entendió que crecer implica renunciar a la zona de confort y ser consecuentes con su sentir y rebeldes al espíritu de su época. El resultado fue un álbum incómodo, melancólico y profundamente humano.

Los ídolos viven de permanecer inmóviles en nuestra memoria, los artistas, en cambio, tienen la obligación de ser consecuentes con sus pasiones y dolores, Fome es precisamente el sonido de esa madura consecuencia.

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