Opinión: «Primera Cuenta Pública de Kast: ¿Todo está bien?»

Por Jaime Cano Carrasco, Profesor de Historia, Licenciado en Historia y Educación.

Quienes son cercanos al presidente comentan que él repite como un mantra «todo va a estar bien» cuando hay un problema en su vida pública o privada. ¿Estará repitiendo esa letanía a horas de su primera cuenta pública?

La tradición republicana consagrada en la Constitución establece que una vez año el presidente en ejercicio debe dar un discurso ante el Congreso Pleno dando cuenta de los avances y proyectos de su Gobierno, cuenta que, con los años, ha evolucionado en el alcance posterior que tiene en la ciudadanía, ya sea por la tecnología que ayuda a difundirlo, como por los innumerables análisis posteriores de cada gesto y sílaba pronunciadas.

Sin embargo, durante estos dos meses de Gobierno la misma ciudadanía ha observado con cierta perplejidad como la semántica ha ido cambiando en la gestión de las políticas publicas. A los ministros y autoridades designados por el presidente no les ha quedado otra que asumir que lo anunciado en campaña como plan, al efecto, no es más que un insumo.  Y que el plan a su vez es distinto y, quizás, opuesto a la política.

Lo vimos con la seguridad, que fue el concepto central de la campaña electoral. En el afán de critica constante hacia el gobierno anterior, se les cuestionó la creación de un nuevo ministerio abocado solamente a la gestión del combate a la delincuencia, lo que constituyó meramente un punto político, sin proponer una solución concreta.

Ejemplo de lo anterior son los operativos que vimos con gran cobertura mediática y que no fueron parte un plan de este gobierno. Peor aún, solo fueron un gran número de detenciones de personas que cometieron delitos menores con poco alcance porcentual de sacar de circulación a criminales connotados.

Hoy día, tras dos meses y dos ministras fuera, el papel se invierte señalando que la política legada por el mandatario anterior es suficiente y que el anuncio de campaña solo fue eso, un titular. Esta decisión fue respaldada incluso en términos económicos evitando el tan prometido recorte fiscal.

Asumimos que la primera cuenta publica de un presidente, más que presentar lo logrado es para proyectar lo que se viene, justificar lo que se decida y generar las expectativas del Gobierno entrante. En este sentido, la expectativa de esta primera Cuenta Pública es alta, porque se delineará ideológicamente el país hasta 2030.

En ese sentido, el presidente ha apostado todo su capital político al concepto de emergencia y esperanza. El lunes deberá anunciar como va a manejar esta supuesta crisis para lograr un futuro mejor. En esta jugada, el único tema que ha salido a la luz es la fusión de ministerios cómo lo gran respuesta a reestructurar el presupuesto de la nación.

Pero la emergencia no se encuentra en una oficina gubernamental con más o menos funcionarios, está en las cifras que golpean el día a día de las y los chilenos. Está en el aumento a 9,1% del desempleo, en el 10,5% de desempleo femenino y en el 26,8% de trabajo informal. Esto solo como ejemplo de un tema preocupante frente al alza del costo de la vida y donde no hay anuncios relevantes.

A nivel regional, la emergencia está en los recortes presupuestarios en el área de la salud, con un Hospital Carlos Van Buren colapsado con el peso de ser un centro de atención comunal, regional y macrozonal, y sin concretar siquiera la compra de terrenos para poder ampliarlo, aun cuando se aseguraron esos recursos en el presupuesto.

A nivel de transporte, a propósito del posible anuncio de fusionar obras publicas con esta cartera, día a día escuchamos relatos de locomoción colectiva que no pasa, alzas tarifarias discrecionales, sin dejar de mencionar el exceso de velocidad, la drogadicción y la falta de certezas para los pasajeros.

Podríamos seguir con otras necesidades, como el desarrollo portuario y la creación de empleo, por eso es necesario estar atentos al día después de la Cuenta Pública, más que a los anuncios efectuados en la misma.

Entonces nos preguntamos si en realidad está todo bien en medio de todas estas complejidades. Ricardo Lagos no tuvo que esperar a la cuenta pública para tener biministros, los instaló al inicio de su mandato y fue una política tácita de su Gobierno.

Sin embargo, hoy vemos a dos meses de Gobierno y en medio de muchas incertezas, que transformar el ministerio en botín, al reducirlo con la idea simple del ahorro fiscal, pasó de ser critica de oposición a política pública de un Gobierno que, en medio del relato que quiere instalar, se ve sin rumbo.

La Cuenta Pública del presidente sea al inicio, durante o al final de su mandato más que constituir una cancha de análisis, peleas y análisis mezquinos, debe transformarse en una mesa de trabajo donde se delimite ideológica y programáticamente un Gobierno. Debe constituir una declaración de principios más que una ansiedad de expectativas de anuncios que, en medio de esa misma avalancha de comentarios expost, se diluyen.

Otro aspecto para destacar de una buena o mala cuenta pública, es dar continuidad en políticas de estado a las obras públicas en materias como infraestructura, transporte, viviendas y desarrollo urbano y vial. Sin embargo, no haber centrado la previa a la Cuenta Pública en esto se siente mezquino y miope.

De aquí en adelante; cuentas públicas más cuentas publicas menos, es necesario fijar el rumbo como Estado que quiera navegar hacia el desarrollo, y no concentrarse en las ganancias cortas.

Y eso debe tener un correlato con una gestión eficiente, con iniciativas de ley realistas y que den certezas para apostar por el desarrollo, y mejorar el día a día de todos.

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