Opinión : «“Con los niños NO”: los falsos defensores de la infancia»

Por Ángela Aguilera, Educadora de Párvulos

No sé qué resulta más indignante: si ver a un grupo de hombres riéndose de las pseudobromas que hacían en una fiesta, o escuchar los argumentos tan condenables de quienes los defienden diciendo que se les «funa» por envidia, por tener buena presencia o por ser brillantes; que ellos pueden pensar y decir lo que quieran, o que los «cristalitos» nos ofendemos por todo y no entendemos que era solo una broma entre amigos en un contexto de celebración.

No me imagino con mis amigas en una fiesta haciendo apología de la pedofilia —y menos aún involucrando a niños autistas—, como tampoco grabando un video y subiéndolo a redes sociales como si fuera algo digno de compartir, gracioso o que aporte en algo a la sociedad.

Al revisar algunos capítulos del programa que realiza este grupo, queda claro que no fue una broma aislada, sino que habitualmente hablan y se ríen de situaciones que involucran a menores de edad o se refieren a las mujeres (incluyendo a sus propias madres y hermanas) de manera totalmente inapropiada.

Me genera profunda preocupación que estos videos sean vistos por menores que aún no tienen un criterio formado y que, lamentablemente, no están acompañados por un adulto responsable al navegar por internet, haciendo que este tipo de contenidos les pueda parecer normal o gracioso. También me preocupa de sobremanera que al menos uno de ellos visite colegios a dar charlas.

Quienes trabajamos o hemos trabajado con niños con Necesidades Educativas Especiales (NEE) sabemos lo vulnerables que son. Por eso resulta indignante que se haga cualquier tipo de mofa sobre ellos, especialmente aquellas de connotación sexual, pues sabemos que, de enfrentarse a una situación real, están absolutamente desprotegidos frente a un agresor.

Escuchar a Ítalo Omegna arremeter contra el periodismo chileno, argumentando que no se le permitió dar su versión tras la viralización del video, no solo resulta sorprendente por el hecho de culpar a otros, sino que demuestra una increíble incapacidad para hacer un mea culpa y disculparse. Con esta actitud queda de manifiesto que para ellos esto no es algo reprochable, sino algo totalmente aceptable.

Resulta difícil de entender que no haya existido una condena transversal con la misma energía y difusión que cuando se propuso la Educación Sexual Integral en los colegios —herramienta fundamental para que niños, niñas y jóvenes reconozcan situaciones de abuso y pidan ayuda—. En ese momento, sectores conservadores de derecha y ultraderecha se opusieron tajantemente acuñando el lema «Con los niños no».

Sin embargo, no he visto a personas de esos mismos sectores salir a pedir explicaciones o la salida de los involucrados. Si los personajes hubiesen sido del sector contrario, la reacción habría sido implacable. Más allá del color político, llama la atención que quienes se llenan la boca hablando de la infancia, la familia y los valores, hoy guarden silencio, bajen el perfil o los defiendan. Queda la duda de si lo hacen porque les parece normal o porque comparten las mismas prácticas.

Espero que la sociedad no olvide sus nombres ni sus rostros, así como tampoco a quienes, al callar o justificar, se vuelven cómplices de que personas como estas se crean con el derecho de burlarse de situaciones que atentan contra la dignidad de nuestros niños, cualquiera sea su condición.

Con los niños, NO. Como dice el dicho: «Entre broma y broma, la verdad asoma».

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