El Centro en el Cerro: El libro que rescata la «utopía cooperativista» que transformó la parte alta de Valparaíso y Viña del Mar

Entrevista a los autores del libro El Centro en el Cerro.

Por Cristian Allendes, periodista.

El centro en el cerro. La utopía cooperativista en la conurbación alta entre Valparaíso y Viña del Mar reconstruye la experiencia de las cooperativas de vivienda que, desde la década de 1960, impulsaron la urbanización de los sectores altos de Valparaíso y Viña del Mar.

Publicado en 2026, fue escrito por Milena Bustos Meneses, Valentina Flores Aros y Carlos Vergara Constela. Analiza la formación de cooperativas de vivienda, equipamiento e infraestructura en Valparaíso y Viña del Mar en pleno contexto del urbanismo moderno, la planificación metropolitana y la Guerra Fría.

El libro muestra cómo estas organizaciones no solo buscaron resolver el déficit habitacional, sino también crear comunidades basadas en la solidaridad, la ayuda mutua y la participación democrática. ¿Qué papel desempeñaron las propias comunidades en el diseño y construcción de estos barrios?

Uno de los elementos más interesantes que pudimos dilucidar en la investigación fue cómo las comunidades se incorporaron en el proceso de construcción de sus barrios con tempranas metodologías de participación, en las cuales, mediante un diálogo directo entre el equipo de arquitectos y los futuros habitantes, se realiza el diseño de los barrios y la elección del tipo de viviendas y materiales a utilizar.
En etapas iniciales sobre todo en lo que se denomina el “plan piloto”, se emplea el sistema de autoconstrucción planificada, es decir, quienes habitarían los barrios, participan directamente en la construcción de sus viviendas bajo supervisión técnica, en cuotas de trabajo semanales de mínimo 8 horas. Esto se traduce en la posibilidad de acceder a las viviendas a cambio de un ahorro menor y además, con un sentido mayor de pertenencia.

Vemos cómo, a través del tiempo, los barrios van modificando sus diseños en la medida que se incorporan las observaciones de sus propios habitantes y también van surgiendo necesidades de consolidar el vínculo cooperativo a través de programas de educación cooperativa, escuelas de construcción y formación en principios cooperativistas.

A partir de una investigación histórica que combina archivos, planos, documentos y testimonios, analizan el cooperativismo como una propuesta social y urbana que permitió a cientos de familias acceder a vivienda, equipamiento y servicios en un período de profundas transformaciones del país. ¿Qué significa el título El centro en el cerro y qué busca transmitir la expresión «utopía cooperativista»?

Lo que buscamos transmitir con el título es que el proyecto habitacional de las villas cooperativas va mucho más allá de la intención de resolver el problema de la vivienda, ya que se propone una forma distinta de resolver lo productivo, lo reproductivo y el ocio. En concreto, sintetiza la búsqueda del cooperativismo, concebido como proyecto político, que buscaba producir su propio espacio. En este sentido, el «centro», la centralidad, es un asunto clave para cualquier tipo de desarrollo espacial dentro de lógicas urbanas y económicas capitalistas, las cuales el cooperativismo adecuó para sí. Por lo tanto, no alude únicamente a una localización geográfica, sino a la voluntad de producir un espacio en el cual los servicios, equipamientos, abastecimientos y producción cultural se realizaran  bajo el modo de vida cooperativo. Se estaba experimentando y proyectando con una ciudad cooperativista. Por lo mismo es una utopía, porque está fundada en dimensiones míticas e ideológicas de un proyecto político que buscó constituirse como una “tercera vía”. El correlato de todo también es evitar que todos los usos distintos al habitacional se concentrasen mayoritariamente en el plan de la ciudad.

En este proceso, los cerros dejaron de ser periferias aisladas para convertirse en espacios donde se proyectó una nueva forma de ciudad. ¿Qué características distinguían a estas cooperativas de otros modelos de vivienda de la época?
Si bien la vivienda económica, racional y a bajo costo tiene antecedentes en la caja de la habitación popular, su realización bajo principios cooperativistas permitió un crecimiento significativo de los límites de la ciudad, por la masividad de la propuesta, proyectada para 11.000 habitantes. En otras palabras, se proyectó un espacio de la ciudad con una mayor polifuncionalidad de usos, desarrollo paisajístico, experimentación con tipologías de vivienda y proyección de un hito urbano, corazón y centro del proyecto urbanístico.

La proyección del Centro de Servicios Cooperativos o Centro Comunal en calle 21 de mayo como parte de un proceso de avance político y correlativa producción espacial del cooperativismo da cuenta de un tipo de equipamiento difícil de equiparar en la historia del país.  A pesar de que su construcción se truncó, para el desarrollo proyectual de las villas cooperativas fue fundamental. Además, arquitectónicamente era original y moderna. Fue diseñada bajo los preceptos de la Escuela de Ulm, en coautoría entre Eduardo Vargas y Max Bill. El Centro parecía ser una síntesis de principios e ideas arquitectónicas, sociales y urbanas que denominaron “Gesamtkunstwerk” u Obra de Arte Total.

El libro sitúa estas experiencias dentro de los debates sobre planificación urbana, modernización y políticas habitacionales de mediados del siglo XX, mostrando que el cooperativismo constituyó una alternativa al modelo tradicional de producción de vivienda. ¿Cómo dialogaban estas experiencias locales con las políticas de vivienda y planificación urbana del país?

Ante todo hay que señalar que el cooperativismo durante la década del 50 avanzó como proyecto político y económico. Existían múltiples cooperativas abocadas a distintas áreas que estaban articuladas políticamente mediante federaciones, por ejemplo. Esto escaló a la producción urbanística y de vivienda. Luego, claro, a fines de los 50 el se promulgó Plan Habitacional, y una modificación de la institucionalidad y del mercado de producción de vivienda. Eso trae por consecuencia el incremento en los mecanismos de financiamiento como por ejemplo a través de Sistema Nacional de Ahorro y Préstamo (SINAP) y las Asociaciones de Ahorro y Préstamo (AAP), las cuales fueron una especie de sistema bancario hecho ad hoc para las cooperativas. .

Si bien faltaría indagar con mayor precisión, en materia de vivienda, la experiencia del Plan Piloto de las villas cooperativas fue pionero a nivel nacional. Delegaciones de la CORVI visitaron las villas múltiples veces para recoger la experiencia e ir sumándola a DFL-2. Incluso, varios de quienes conformaron el equipo de arquitectura de INVICA, sociedad auxiliar de cooperativas clave en un inicio, luego pasaron a formar parte de la Delegación V Región de la CORVI. Se produjeron viviendas bajo el cooperativismo en San Felipe, Villa Alemana, Quilpué, San Antonio, etc., sin embargo en ninguna de estas otras villas vimos algún proyecto similar al del Centro de Servicios Cooperativos.

El libro rescata una memoria colectiva sobre la construcción de ciudad desde la organización social. Su principal aporte es demostrar que las cooperativas representaron una verdadera «utopía cooperativista»: un proyecto que entendía la vivienda como un derecho y concebía el barrio como un espacio de convivencia, participación y desarrollo comunitario. ¿Por qué consideran que estas experiencias quedaron relativamente olvidadas en la historia urbana de la región? ¿Qué impacto tuvo el golpe de Estado de 1973 en el desarrollo y continuidad de estos proyectos cooperativos?

Para los parámetros actuales, todo lo que se hizo en el marco de las cooperativas es mucho mejor en términos cualitativos de lo que hoy promueve la política de vivienda chilena. Pero también hay que señalar que mediante las cooperativas se empezó a trabajar con el endeudamiento individual a través de entidades bancarias privadas, asunto que hoy en día es una condición del funcionamiento del acceso a la vivienda. Es importante recalcar que las cooperativas buscaban limitar el interés al capital pero no quitarlo de la ecuación. Esto también permitió la articulación de mercados inmobiliarios.

La Cámara Chilena de la Construcción promovió las cooperativas. Luego con la dictadura se reformuló el estado y el modo de concebir el urbanismo y la producción de vivienda social. Las cooperativas, que fueron útiles para el empresariado de la construcción en los 60, ya no lo fueron. Es más, se desmanteló la institucionalidad que logró en los 60. Desde ahí, creemos que buena parte de la historia general del cooperativismo es algo que está por escribirse. En nuestra investigación pudimos apreciar cómo el cooperativismo fue fomentado por las políticas del imperialismo estadounidense y situarlo en una escala geopolítica, pero creemos que también es necesario mirar con mayor detalle sobre la conformación y el crecimiento que tuvo el cooperativismo como proyecto económico y político en Chile. Su olvido no es algo puntual, sino más bien es un síntoma más de los mismos esquemas dominantes para concebir la temporalidad, donde el pasado solo opera como un patrimonio mercantilizado y nuestra realidad se carga de un presentismo radical que ha logrado inocular la concepción utópica del mundo para las clases trabajadoras.

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