Opinión: «El precio invisible de postergar nuestra salud»

Rocío Pilar Serva Cortés, Tecnólogo Médico y Magister en Salud Pública

Al reflexionar sobre las enfermedades que amenazan nuestra salud, solemos imaginar algo repentino y súbito como un accidente o un diagnóstico inesperado. Sin embargo, las principales causas de enfermedad, discapacidad y muerte en nuestro país no suelen irrumpir de un día para otro. Llegan en silencio.

La hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, los distintos tipos de cáncer y las enfermedades respiratorias crónicas se instalan lentamente en nuestras vidas. Al comienzo no hacen ruido. No generan alarma inmediata. Muchas veces avanzan durante años mientras seguimos trabajando, criando, estudiando, cumpliendo responsabilidades y postergando aquello que creemos que puede esperar: nuestra propia salud.

Quizás allí radica el gran desafío de las enfermedades crónicas. No solo afectan nuestro organismo; también ponen a prueba nuestra relación con el tiempo. Vivimos convencidos de que siempre habrá más de una oportunidad para comenzar a caminar, dejar de fumar, para realizarnos ese examen pendiente o para asistir al control médico que hemos postergado una y otra vez.

Cada hábito construye salud o construye enfermedad. Cada día sedentario, cada noche de descanso insuficiente, cada decisión alimentaria sostenida en el tiempo deja una huella. Del mismo modo, cada caminata, cada control preventivo, cada esfuerzo por cuidar nuestra salud también deja una marca positiva que muchas veces no vemos de inmediato.

Como país, hemos avanzado enormemente en el tratamiento de enfermedades crónicas no transmisibles. Contamos con profesionales comprometidos, programas de salud y una red asistencial que trabaja diariamente para enfrentar esta realidad. Sin embargo, ninguna estrategia sanitaria será suficiente si no logramos fortalecer una cultura del autocuidado en la comunidad.

Esta reflexión adquiere un significado especial en la Región de Valparaíso. Somos una localidad diversa con grandes fortalezas humanas y comunitarias. La carga de factores de riesgos asociados a estas enfermedades ha sido frecuente durante muchas décadas y sigue demostrando que la prevención de enfermedades ha sido un esfuerzo continuo y colectivo.

La pregunta que debemos hacernos no es cuánto tiempo viviremos, sino cómo queremos vivir la vida que tenemos por delante. Porque la salud rara vez se pierde. En general, se construye con pequeñas decisiones, aparentemente insignificantes, que, con el tiempo, tienen el poder de transformar la vida de una persona. Sin embargo, también puede construirse silenciosamente a través de pequeños cambios cotidianos, transformándose en hábitos.

Por lo que el mejor momento para prevenir una enfermedad crónica no es cuando aparece el diagnóstico.

Es hoy.

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