Por Josip Pusic, Gerente General Grupo La Joya
Valparaíso enfrenta hoy una decisión que marcará su futuro durante las próximas décadas.
Podemos seguir observando cómo se deterioran espacios históricos, cómo se postergan proyectos y cómo la ciudad pierde protagonismo frente a otros destinos turísticos del país. O podemos reconocer que, pese a las dificultades, existen señales concretas de que una nueva etapa de recuperación es posible.
Porque mientras muchas veces el debate público se concentra en el abandono, la suciedad y la inseguridad, también están ocurriendo cosas importantes.
Familias, emprendedores, inversionistas y organizaciones están apostando por Valparaíso. Recuperan inmuebles patrimoniales, desarrollan proyectos culturales, crean experiencias turísticas, abren nuevos negocios y generan empleo.
Lo vemos en iniciativas de rescate patrimonial, en nuevos espacios culturales y en barrios que continúan consolidándose como polos de desarrollo turístico y gastronómico. También lo vemos en sectores que durante años permanecieron fuera de los circuitos tradicionales y que hoy comienzan a mostrar nuevas oportunidades.
Los barrios turísticos no aparecen por decreto. Se construyen.
Se construyen cuando alguien decide recuperar una propiedad abandonada. Cuando una familia apuesta sus ahorros en un proyecto. Cuando un emprendedor levanta una cortina donde antes había un local cerrado. Cuando distintas iniciativas comienzan a generar movimiento, identidad y sentido de pertenencia.
Valparaíso tiene algo que ninguna otra ciudad de Chile puede replicar: una historia construida por personas que llegaron desde distintos rincones del mundo para emprender, invertir y proyectar un futuro desde este puerto.
Nuestra identidad nació precisamente de esa capacidad de ver oportunidades donde otros veían dificultades.
Por eso resulta paradójico que muchas veces olvidemos que la inversión también forma parte de nuestro patrimonio. Porque el mejor patrimonio de Valparaíso no son solamente sus edificios; son también las personas que siguen decidiendo construir futuro en ellos.
No existe recuperación urbana sin inversión. No existe desarrollo turístico sin emprendedores. No existe generación de empleo sin personas dispuestas a asumir riesgos y apostar por el territorio.
Quienes hemos participado en el desarrollo de proyectos en distintos barrios de la ciudad sabemos que recuperar un territorio requiere tiempo, convicción y trabajo colectivo. Ningún barrio se transforma por sí solo.
Hoy observamos cómo distintas iniciativas fortalecen sectores como Bellavista, Cerro Alegre, Cerro Concepción, Barrio Puerto y el Almendral, ampliando la oferta turística de la ciudad y conectando patrimonio, cultura, gastronomía e identidad local.
Esa es una buena noticia para todos. Porque el turismo moderno busca experiencias auténticas, barrios con identidad propia e historias reales. Y pocas ciudades en Chile tienen tanto que ofrecer en ese sentido como Valparaíso.
La pregunta es si tendremos la capacidad de acompañar y multiplicar estas iniciativas. Si seremos capaces de generar las condiciones para que más personas inviertan, emprendan y desarrollen proyectos.
Valparaíso no está condenado al abandono. Pero tampoco tiene asegurado su futuro.
La ciudad que veremos en los próximos años dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Y quizás la más importante sea volver a creer en Valparaíso.
Porque las ciudades no se recuperan solas. Se recuperan cuando sus habitantes, emprendedores, organizaciones e inversionistas deciden apostar por ellas.
Valparaíso ya lo hizo una vez. No hay razón para pensar que no pueda volver a hacerlo.

