Por Sebastián Hidalgo Retamal bajista, compositor y socio cooperativa ajuste de cuentas sello musical
Hoy: Corazones – Los Prisioneros, 1990, EMI Odeon-Capitol Records
Habrá que tomar posiciones: ¿Corazones es el cuarto disco de Los Prisioneros o más bien el primero solista de González?
Famosa es la trastienda amorosa de este disco además de la entrevista de Jorge González sobre lo buen compositor y multiinstrumentista que es él mismo.
Somos Solo Ruido:
Los Prisioneros nacen en Los Ochenta y pronto se vuelven La Voz de una juventud marcada por la dictadura. Con canciones directas y letras mordaces, más cercanas a la urgencia que al virtuosismo, demostrando que a veces la sofisticación no reside en la complejidad, sino más bien en saber desnudar la emoción de una época.
Jorge González asumió pronto el liderazgo compositivo y lírico de la banda. En los dos discos siguientes el sonido de Los Prisioneros se volvió cada vez más electrónico pero sin perder lo punk: Bailar con los que Sobran agudizó su conciencia social y la Maldita experiencia Sudaka siguió afilando su ironía.
Cuéntame una Historia Original
¿Qué hacer cuando la rabia pierde contra el arcoíris y la alegría?
Corazones abandona la rabia para habitar en el nihil emocional que nos dejó la ambigüedad de la transición, todo esto sin perder la crítica a la nueva Cultura de la Basura de los noventa.
Es un disco que se siente melancólico, solitario y triste, es más terrenal al abrir el corazón del artista dado que ya no habla de las narrativas colectivas sino del Eros Freudiano del hablante lírico que es el propio González.
Musicalmente el disco se sumerge en la experiencia vital, el punk electrónico deriva en synth-pop y dance: el álbum se baila, se siente y se escucha.
Grabado en Estados Unidos solamente por Jorge
González en los estudios de Gustavo Santaolalla, quien logro profundizar la pertenencia latina del sonido del disco: agrego charangos y el rallentando al cierre de Tren al Sur como también hizo arreglos de cuerdas a otros temas del disco.
En vivo, dado que Narea se había ido y que González toco todo en la grabación, Tapia, quien no puedo viajar por motivos de visa, termino siendo el sesionista de la gira a su vez se agregó a Cecilia Aguayo en los teclados y a Robert Rodriguez en los bajos dejando las guitarras a Jorge.
Las Canciones
Nos saca del letargo un silbido que nos seguirá durante todo el viaje, Tren al Sur nos lleva en un ritmo ferroviario que solo se detiene en una estación de final falso que seguirá cantando el estribillo que nunca olvidaremos.
La canción deambula mayoritariamente en dos acordes que no dejan muy claro donde estamos armónicamente, esto genera, junto al ritmo, esa sensación de nostalgia y de viaje.
La letra condensa memoria, clase y territorialidad: “Y no me digas pobre / Por ir viajando así / ¿No ves que estoy contento? / ¿No ves que voy feliz?” nos muestra el miedo a ser juzgado en una sociedad profundamente clasista, el goce de la experiencia opacado por el miedo al qué dirán, brillante.
Corazones Rojos nos habla del patriarcado 30 años antes de que se masificara el término. Las desigualdades, los micromachismos se ven en este tema, lo que nos recuerda, con una mirada en el hoy, que las luchas sociales y políticas no son recientes y que el feminismo no es una “moda” que nació el 2017 con el #MeToo.
Musicalmente es simple y directo, una caja de ritmos con un rap que crece en capas de voces y texturas para llegar a un coro hard rock, el ciclo se repite hasta un final donde todo converge en la pregunta respuesta del coro, voz y solo de guitarra.
Acá no se si es una genialidad de Jorge como interprete o solo un bello azar: el hecho de que grite incómodo “y no me digas nada a mi” contra este coro desafiante de hombres que gritan “¡eh, mujeres!”, cual Jesús en Getsemaní desangrándose, como mostrando una “culpa de género” y una intención de disculpas por algo que lo excede, para luego transformar la interpretación en las últimas repeticiones a solo una voz sarcástica que repite y repite sin sentir arrepentimiento alguno, cual manipulador narciso.
Cuéntame Una Historia Original critica al individualismo al ridiculizar a este personaje tácito que piensa que es el héroe de la historia que gira alrededor suyo.
Se adelanta al Winner noventero, a la generación del “no estoy ni ahí” y al “mañana tengo que trabajar igual”, pero ojo, la canción no da una solución, no hace un llamado a la socialización de la problemática, el cantante solo responde desde la pueril soberbia de mandar a madurar al otro.
En la misma línea, la discotequera Noche en la Ciudad¸ continua en la línea crítica de la sociedad chilena post dictadura. “Orden, moral, orden, moral” como mantra de una sociedad que vende una felicidad falsa, recordemos que es 1990, que la pobreza post dictadura rondaba el 40%, criar y educar en base a golpes era común, que había curas en televisión profesando el amor al prójimo cuando años atrás avalaban desapariciones y muerte, una sociedad simplemente hipócrita.
El Eros
Los amantes de este disco se habrán dado cuenta que cambie el orden de las canciones, los cuales temas abordaran el viejo viaje del desamor de una relación prohibida que terminaría siendo detonante de que Claudio Narea dejara la banda. Pero: “¿Qué es el honor, comparado con el amor de una mujer? […] Aire y palabras. Aire y palabras. Sólo somos humanos, y los dioses nos hicieron para el amor. Es nuestra mayor gloria, y nuestra peor tragedia.”
Los temas a continuación realmente tuvieron que haberse llamado Suite Claudia dado que parecen la musicalización de las etapas del duelo: Negación en Con Suavidad, Ira en estrechez de Corazón, Negociación en Amiga Mía, Depresión en Por Amarte y Es Demasiado Triste, pero ojo, no hay Aceptación, el protagonista no resuelve hacía la nueva vida, más bien todo lo contrario.
Amiga mía introduce la problemática de una relación de amantes entre amigos, un hablante que prioriza su deseo por sobre todo y el chantaje emocional como arma: “¿Cómo puedo comer? / ¿Cómo puedo escribir? / ¿Cómo puedo sufrir / escapar o mentir? Si lo único cierto y lo único claro / es tu firme salvaje y bendito amor”.
El tema a nivel producción musical es crudo y directo, el timbre de los instrumentos es frio, evidenciando que este amor es algo prohibido, oculto e inmoral. Incluso el puente que intenta sonar a añoranza en “No te olvides / lo que digo / Aún cuando escuches lo peor / te estaré amando igual” se siente más obsesivo que amoroso.
Continuando Con Suavidad, tiene ese oscuridad bailable de Depeche Mode: cajas de ritmos, sintetizadores, bajos protagonistas en la estética del estilo y sampleos para transformar la voz en un instrumento percusivo más.
El tema no es cálido pese a que la letra pareciese ser un intento de seducción telefónica. La música y el canto nos siguen indicando añoranza, obsesión y rabia, la interpretación es cruda y deja ver un Jorge González en negación y roto emocionalmente.
En Estrechez de Corazón es solo el dolor e ira, es electro pop como terapia emocional. Aquí no hay metáforas “Tú sabes cuánto se ha querido / Has abrazado lo mismo que yo / Hoy no puedes demostrar / Yo no tengo que aguantar /No, no puedes demostrar / ¡Estrechez de corazón!”
El tema es un viaje: Introducción de cuerdas, corte y nos vamos a un minuto de ritmos que compiten por el protagonismo, llega la canción y las capas instrumentales crecen y decrecen en función de la emocionalidad, hasta que se rompen en un grito frustrado al finalizar.
Por Amarte y Es Demasiado Triste van de la mano, la primera como el descubrimiento de la depresión que se vive tratando de entender el por qué no fue y la segunda descendiendo de la depresión a la locura.
En Por Amarte amor romántico que se promete bello y hermoso, idealizado, se muestra como la pérdida del yo: “Amarte es mi estupidez, es mi suicidio”, acá no hay salud psicológica, se observa la obsesión y el dolor, una intensidad abrumadora y autodestructiva:”Todo es tan tonto / Todo es tan triste / Amarte es dar cabezazos en la pared”.
Finalizando, Es Demasiado Triste es un vals, un ritmo tradicionalmente asociado al matrimonio, pero que en este tema distorsiona con los típicos cromatismos circenses que nos invitan a alzar la mirada para sentir miedo por este equilibrista. Las intensidades van distorsionando la interpretación dándonos un leitmotiv de caída a la locura que crece y crece hasta el cumplir con su objetivo.
“Es el maldito amor, le gusta reírse, reírse en tu cara”
Conclusión
Corazones es un disco pasional y político, si se mantiene tan vigente es poque sabe ser moderno en toda época: es disfrutable de escuchar, es bailable, es un hit tras otro y tiene a su vez un lirismo que te hace pensar en la alienación social y el derrumbe de la propia psiquis a causa de algo tan noble como el amor.
Su crítica de una sociedad hipócrita es completamente presente en la realidad social y política actual, porque, aunque pasen los años nuestra batería de conflictos no ha variado mucho: la sociedad te castiga y el amor duele.
La interpretación es moderna por una parte y emocionalmente cruda por otra. Jorge González dejó todo en este álbum y me parece incorrecto (tal como el 90125 en el ensayo anterior) decir que este es un disco de Los Prisioneros dado que es un disco profundamente de Jorge.
Corazones no vende consignas, es una crítica individual a una sociedad individualista y también es un llamado a resistir a través del llanto.

