Rocío Pilar Serva Cortés, Tecnólogo Médico. Magister en Salud Pública
Muchos nos preguntamos ¿Cuánto de lo que les pasa a las personas tiene que ver con su diagnóstico? ¿Cuánto tiempo gastó para llegar a urgencias? ¿Tuvo el suficiente dinero para movilizarse?, ¿Su familia está presente? Como Tecnólogo médico y Magister en Salud Pública, llevo un par de años trabajando en el sistema y buscando esa respuesta. Y lo que encuentro, sistemáticamente, es que enfermamos mucho antes de pisar una consulta médica.
En Salud Pública llamamos a esto los determinantes sociales: las condiciones en que las personas nacen, crecen, trabajan y envejecen. La vivienda, el ingreso, la educación, el entorno. Factores que no aparecen en un historial médico, pero que deciden más sobre nuestra salud que cualquier medicamento prescrito por un médico. Y en Chile, esos determinantes gritan.
Nuestra región lleva 30 años siendo la que más campamentos concentra en Chile ¡¡Treinta años!! No es una estadística nueva ni una crisis reciente, es una condición estructural que hemos normalizado.
¿Y qué tiene que ver esto con la salud? TODO. Una familia en hacinamiento tiene mayor riesgo de infecciones respiratorias, tuberculosis, problemas de salud mental. Un niño o niña que duerme en un espacio húmedo, sin ventilación, con ruido constante, no duerme bien, no aprende bien, no se desarrolla bien. Una madre que trabaja doce horas y llega a un campamento sin agua potable no tiene tiempo ni condiciones para cuidar su propia salud. Por lo que el sistema de salud los recibe cuando ya están enfermos, pero las causas vienen de antes, de mucho antes.
Lo paradójico es que como sistema de salud seguimos respondiendo al síntoma y no a la causa. Se invierte en hospitales, en médicos, en tecnología, en todo lo necesario. Pero si la persona que se atiende vuelve cada noche a un campamento sin alcantarillado, a una pieza con cinco personas, a una vida de incertidumbre permanente, la consulta médica apenas araña la superficie del problema. Estamos poniendo parches sobre una herida que sigue abierta.
Y el panorama se complica aún más. Según el Censo 2024, Valparaíso es la región más envejecida del país. Tenemos casi la misma proporción de personas mayores de 65 años que menores de 15. Eso significa que estamos envejeciendo sobre una base frágil, con adultos mayores que en muchos casos llegaron a esa etapa de la vida cargando décadas de precariedad. La vejez en condiciones de pobreza no es solo un problema social, es una crisis de salud pública en cámara lenta.
Me gustaría que la próxima vez que alguien hable de Salud Pública, no empezara nombrando los hospitales. Debiera empezar por los cerros, o los campamentos, por las familias que llevan tres generaciones esperando una vivienda digna. Porque la salud no empieza en la consulta médica. Empieza en la calle, en la casa, en las condiciones reales de vida. Y mientras eso no cambie, seguiremos tratando enfermedades que en realidad son síntomas de algo mucho más profundo.
Necesitamos entender de una vez que la salud se construye, o se destruye, mucho antes de cualquier diagnóstico.

