Por Sebastián Hidalgo Retamal, bajista; compositor y socio de cooperativa Ajuste de Cuentas, sello musical.
La muerte es una buena maestra
cuando te habla al oído y se retira
(Hahn, 2002)
90125 es un disco atormentado, en 1983 trasladaría a Yes del progresivo con aspiraciones de grandilocuencia docta a las discotecas de la juventud ochentera, un disco criticado por los fans y amado por la crítica; un disco que se baila y que habla del zeitgeist de su época; un disco que dice Yes pero debió decir Cinema.
Contexto: «Le roi est mort, vive le roi!»
Hablar del 90125 es hablar de un cambio de paradigma en lo que respecta a las corrientes de la música de vanguardia y como los dinosaurios de los setenta tuvieron que adaptarse a las nuevas tendencias y al consumo masivo de MTV. Lo comercializable ya no aguantaba epopeyas épicas de 17 minutos sobre el vuelo del albatros místico como a su vez las tecnologías digitales que fueron apareciendo nos llevaron a nuevas formas de edición y producción musical.
Yes, desde fines de los 60 llevo consigo la vida misma del progresivo, la salud del estilo caminaba junto a ellos. Desde sus comienzos de jammings interminables hasta poder volar cuales Icaros al aclamado Close to the Edge (1972) y de aquí a ser el principio del final del progresivo clásico con el no tan aclamado Tales From Topographic Oceans(1973) y el Relayer(1974) discos con los que cayeron irremediablemente desde el cielo por querer acercarse al sol.
corrían los ochenta y Yes ya lo había intentado nuevamente, pero Howe, Anderson y Wackeman, pilares de su experiencia setentera, deciden seguir sus propios caminos; murieron Bonham y Lennon, también murió Syd Vicious quien fuese la cara visible del Punk.
poéticamente al tiempo que se separa Yes también se apaga el motor y el espíritu de la utopía de las flores como también la savia nueva de la rabia juvenil. Los ochenta se llenan de maquillajes, sintetizadores y miedo a la hecatombe nuclear en esta guerra no tan fría.
Preludio al disco: Fortuna audaces iuvat
1979, un inmigrante sudafricano busca oportunidades como productor, compositor y multi-intrumentista en Londres. Consigo trae los demos de un proyecto de rock melódico al borde del pop, su nombre Trevor Rabin. ¿Quién iría a pensar que este héroe improbable sería el nuevo corazón compositivo de Yes?
En 1982 Trevor conoce a Chris Squire, quien a su vez quería continuar su camino musical junto a Alan White (bajista y baterista de Yes respectivamente), el sudafricano les muestra el material de sus demos, esto los motiva a crear el proyecto Cinema agregándose además el tecladista fundador de Yes Tony Kaye y al cerebro tras las consolas, el productor Trevor Horn.
Los Trevors claramente no tenían el espíritu del viejo Yes, Rabin componía para las masas: melodías pegadizas, buenos ganchos, guitarras complejas en su simpleza.
A su vez Horn traía consigo nuevas formas de producir: sonido cristalino, definido, digital y moderno, en conjunto con samples, collages sonoros, producción al detalle. Formas pensadas para la televisión, el disco y las radios.
Crisis durante el proceso: Omnia mutantur, nihil interit.
Podemos observar que 90125 no era un disco pensado para Yes, lo que cambia esto es la llegada de Jon Anderson. Este es un disco de Rabin con los integrantes de Yes y no la banda con guitarrista nuevo, paradojalmente el disco más exitoso comercialmente de Yes no fue compuesto por ellos… lo que sí, la reescritura de canciones y melodías de Anderson humanizaron las letras directas iniciales de Rabin, quizás su llegada salvo al disco de ser solo otro disco perdido en su época.
Un profesor nos decía dos cosas:
Aunque la lucha de poderes internas en la producción se vio desequilibrada con tantos miembros de Yes en el proyecto Cinema, el hecho que haya prevalecido el arte por sobre el nombre nos lleva a agradecer la madures de los involucrados y que si nos permitimos cambiar en función de lo mejor grandes cosas pueden ocurrir, por lo tanto, que bueno que Squire pillo a Rabin haciendo arte y que Horn logro materializar este encuentro en el estudio.
- que el arte nos pille haciendo arte
- El azar beneficia a los preparados
El Hitazo: el falso estoicismo de no permitirse sentir
Owner of a Lonely Heart es la paradoja de una sociedad que quiere que bailes pero que a su vez te prevengas del dolor de sentir. Poner el control de daños como prevención te aleja de experimentar la belleza de ser seres sintientes: Letra y música bailan esta danza del quiero contra el debo perfectamente, aunque el ritmo sea bailable, la armonía y la melodía tienen esa melancolía del hombre alienado.
Inclusive el outro que modula con los bronces hacia tonos mayores se siente (en una escucha más crítica) como algo forzado, una alegría artificial en un mundo de imágenes.
Musicalmente vemos una declaración de principios sobre lo que será este disco: cortes de postproducción, collages musicales, baterías prístinas, teclados más funcionales y menos virtuosos, múltiples capas de voz, samples y todo, todo esto ejecutado al milímetro.
El Disco: Cambios entre aguantar y dejar
Hold On respira blues y relato hollywoodense, en un mundo donde lo que menos somos es ser humanos, donde solo somos peones de un sistema en constante conflicto, lo que nos queda es aguantar… aguantar una batalla tras otra porque finalmente perseveramos creemos y aguantamos el sol volverá a brillar para nosotros. O esto relata el tema, se respira en su andar poderoso el metro de 12/8, una caminata hacia el futuro mientras la vitrinas nos siguen mostrando un mundo que se nos va entre sangre y guerras.
No nos adelantemos a pensar que el disco es un “hitazo” y ocho temas de relleno, es un viaje de reflexiones sobre la alienación de la modernidad, tema tras tema se nos invita a reflexionar sobre nuestra existencia como seres sintientes en un mundo duro y sintético. Si, no tenemos los pasajes ornamentales de los setentas pero no olvidemos que estos músicos son (mayoritariamente) Yes y forjaron las bases del progresivo: todo puede ser conceptual si es que logras generar el relato. Anderson logro esto al cargarle su espiritualidad a las maquetas originales de Rabin.
It Can Happen sigue con esta paradoja entre progresiones esperanzadores con una energía alegre en lo rítmico contra una letra que invita a estar despierto por ese “algo” que nos puede suceder. La guerra puede dejar de ser fría en cualquier momento, también puede que nos olvidemos de ser nosotros, que nos engañemos o creamos en vacuas esperanzas, todo esta ahí, en un futuro que si no miramos en todas direcciones nos puede doblegar.
La frase “You’re pushing the needle to the red” tiene ese juego dicotómico entre el “you” singular y plural: ¿seré yo el individuo el que esta llegando hasta este punto de no retorno de deshumanización? o ¿serán ellos los que nos están llevando hasta el fin de la humanidad?
Jugando con compases de amalgama llega Changes, quizás el tema más yes del disco en cuanto a orquestación: acordes abiertos, cambios de dinámicas para cada parte de la canción, capas y capas que crecen y decrecen siendo quizás la canción más directa entre la música y lo que expresa el hablante lírico.
Estamos mirándonos frente al espejo tras una ruptura, vemos la tristeza, el vacío.
Pareciese que le hablamos a la sombra del recuerdo de nuestro ser amado, mientras tratamos de salvar las naves en el encuentro con quienes somos, “Root yourself to the ground” dice la canción, mira que el camino hacia la tristeza y las buenas nuevas puede ser el mismo.
Cinema es el puente instrumental que declara a través de sus compases el proceso de evolución de la banda misma, como si fuese la fanfarria del nuevo Yes, uno que acepta la realidad de su tiempo y que con la llegada de Rabin, se adapta y crece.
¿Un pacto musical con el nombre original del proyecto para declarar la paz?
Luego de esto viene Leave it con esa energía “c’est la vie”: hay veces que la mayor rebeldía es dejar ir lo que no podemos controlar, si la hostilidad del mundo nos quiere encerrados se nos hace menester dar un paso al costado y permitirnos ser felices, en alegría juvenil ser felices, como también el permitirnos tratar de alcanzar nuestros sueños.
El tema abre con un arreglo coral que nos habla de no entender en que unidad de medida estamos, es decir, que nos encontramos en un estadio de no humanidad y que la manera de volver a ser nosotros es aferrarnos a la experiencia vital.
Los arreglos vocales, los cortes en cuerdas frotadas, la percusión, la batería eléctrica nos dan esa sensación de (la mal llamada) “música de mundo”: cuerdas suaves y ritmos estacatos que nos dirigen a este espacio seguro mientras los largos acordes corales que van y vienen, chocan con un cantante que nos dice que hacer, cual si fuese un personaje onírico que nos orienta cuando perdemos el rumbo.
Me pasa algo con Our Song,no puedo dejar de sentir que es una versión progresiva de Gloria de Umberto Tozzi lo que me hace preguntar ¿Todos los caminos conducen a la nueva ola italiana?, pareciera que componer una canción enérgica con un piano que se suma al bloque rítmico nos llevara irremediablemente a Italia.
El tema es un dar las gracias a la música por parte de la banda, ella es un buen remedio para el alma y pareciese que el viaje entre los valles españoles les da esta revelación. Hay que cuidar la música, sus formulas y elementos, dado que ella es el elixir del alma.
City of Love “tiene ese… qué sé yo” de serie policial ambientada en una metrópolis ochentera del tipo de televisión de trasnoche.
La canción juega con la noche, con lo prohibido y con el placer, la historia de un joven que quiere demostrar que sabe jugar el juego de la vida nocturna.
Un tema bien Rabin en lo musical, un buen riff duro y directo, un puente entre versos bien jocoso que quizás nos hable de la ingenuidad de los nuevos adultos al creer que el juego es fácil, pero no, la vida irremediablemente nos alejara de la esperanza adolescente, un coro simple y cantable como canción de bar que da paso a una sección instrumental que nos recuerda que no es tan simple caminar en la oscuridad.
Finalizando el disco el tema Hearts con sus campanas nos da la despedida con la esperanza de que si sabemos recorrer el camino, que si logramos entrelazarnos en redes colectivas nuestros corazones lograran encontrarse cuales ríos hacia un mar de gente.
Un tema que filosofalmente hablando se encuentra en el humanismo que práctica Anderson: nuestro legado es nuestro mundo cercano, es el cómo criamos a nuestros hijos, el cómo nos relacionamos con nuestros pares, el cómo nos aceptamos y aceptamos al resto lo que llevara a crear un colectivo con esperanza en el futuro.
Palabras al cierre
90125 es un disco necesario para su época (y para la nuestra), un disco que nos invita a la reflexión sobre como la vida moderna nos desconecta y nos deshumaniza al no permitirnos sentir, vincularnos o amarnos tal cual. Un mundo que nos conduce al sálvese quien pueda, que nos aleja de nuestra naturaleza humana de seres inherentemente sociales.
Es una invitación a tener la fuerza de soportar, pero a la vez la inteligencia de saber que batallas dar, que a veces solo necesitamos dejar que se vaya lo que no podemos controlar y que hay rebeldía en saber encontrarse, organizarse y volver a ser humanos en un sistema hostil que nos quiere separados e indexados en nuestras diferencias.
A veces es bueno que este mensaje sea dicho de la manera más simple posible, en formas directas y con letras francas, quizás, si hubiese sido otro Yes, el mensaje se habría perdido en letras mitológicas o secciones instrumentales de 17 minutos, que solo un par de iluminados esnobs hubiesen descifrado… a veces el progresivo no es la respuesta, por lo que, dejando los gustos musicales a un lado: Muchas gracias don Trevor Rabin.

