Por Sebastián Hidalgo; bajista, compositor y socio cooperativa Ajuste de Cuentas, sello musical
Hay una diferencia notable entre trascender y gustar, HOTH claramente es un disco incomodo dentro del catálogo del buque insigne de la marina británica llamado Led Zeppelin, hay en él una búsqueda estilística con experimentos compositivos, apuestas y desaciertos.
Cuando aparece en 1973 se esperaba un disco continuista en lo que hard rock se refiere, dado que su antecesor, el cuarto disco homónimo, había puesto en la mira un horizonte de lo que es y como debe ser lo que entendemos como “banda de rock”, y aquí una aclaración: Led Zeppelin es el estándar de Led Zeppelin por lo que lo que se critique y alabe en este texto deberemos entenderlo en sus propios términos, los términos de (para muchos quizás) la mejor banda de rock de la historia.
Aciertos iniciales
El álbum nace con The Song Remains The Same, Jimmy Page interpreta una guitarra de 12 cuerdas limpia que lucha tímbricamente consigo misma en distorsión, y en esta figura nos damos cuenta de que estamos volando en los sueños de unidad de Robert Plant: al ser todos uno, los problemas y alegrías del mundo son la misma canción, interpretada por todos.
El tema es un movimiento continuo, que se aleja de la influencia del blues de la banda, es una exploración y un viaje casi progresivo, con secciones que podrían estar en un disco de Yes o de Kansas, sus progresiones no resuelven al reposo como los manuales de armonía clásica llaman, sino que anhelan una constante propulsión que nos mantenga en el viaje onírico y utópico de Robert quien en esta canción ofrece una última barricada al deteriorado movimiento hippie inglés.
The Rain Song sigue en esta búsqueda, pero ya no desde el vuelo supersónico del tema que la antecede, sino desde la experimentación armónica: afinación abierta con enfoque modal, un John Bonham que domina preciosamente la dinámica y un John Paul Jones que como buen director de orquesta le saca lo mejor a los arreglos y sus movimientos.
Estéticamente hablando este es un tema que va del impresionismo al folk para luego llegar a la catarsis del rock, armonía que busca respirar más que resolver.
En Over the Hills and Far Away quizás encontremos la quintaesencia de este álbum: un homúnculo sonoro entre Blues estadounidense y Folk británico: Mississippi, praderas y luego cortes rítmicos, bajos expresivos y gritos preciosos de Plant que nos devuelven al presente.
Un tema que emerge del ruido de las aguas para desarrollarse en alegría juvenil y dormir finalmente al viento susurrante: exploración sonora, belleza interpretativa y el juego trasatlántico entre la pentatónica gringa y la sensibilidad inglesa.
Intermedio y desaciertos
He aquí el dilema, The Crunge: ¿broma funk? ¿deconstrucción del estilo? ¿experimento incomprendido?… ¿Es James Brown tocado por blancos ingleses? ¿es funk sin el acento en el 1? Claramente es psicodélico e incómodo, podría decirse que un ejercicio estético mal abordado ¿o quizás no?
A mi entender esto es a propósito, un “podemos hacer música bailable popular pero no queremos”, me recuerda (salvando las diferencias) al “Quiero Partirme en Dos” de Silvio Rodríguez, una protesta quizás a la presión de la industria o una oda al Free Jazz, ¿Quién sabe? no es un favorito del álbum.
Dancing Days es un spoiler de lo que será el rock alternativo a futuro: batería en pocket certero, un riff complejo en su simpleza elástica y vibrante; un bajo funcional, melódico y sofisticadamente bailable; Robert Plant siendo ese frontman despreocupado que narra la alegría adolescente, ingenua y joven de los días de baile y optimismo que el mundo ya está dejando atrás.
El tema encanta en cuanto es un riff poderoso y constante, la belleza de la repetición como fuente motora, un acierto para la música del futuro.
D’yer M’aker vuelve a las preguntas que se exhiben en The Crunge: ¿Parodia, burla, experimento o apuesta perdida? Musicalmente la batería es pesada y oscura contrastando con el riff que quiere sonar a Jamaica y una letra poco inspirada, llena de “ohs” que rellenan más de 4 minutos que debiesen haber sido 2.
Lo que me refuerza esta opinión es que estamos en la época de la explosión del reggae con Bob Marley & The Wailers a la cabeza, Jamaica se había independizado de Reino unido hace una década generando migración del caribe a la capital del imperio, el choque social fue un factor importante en que este estilo fuera profundamente contestatario, en especial en los 70 donde Inglaterra comenzó a sufrir con las crisis económicas y sociales. En este sentido el reggae es predecesor del punk, por lo que hacer una canción de desamor juvenil es un mal chiste, quizás no fue la intención de la banda si consideramos que ellos fueron parte del optimismo hippie.
Paradójicamente es el tema más popular del disco (al menos en la plataforma verde) y es extremadamente contrastante con las grandes epopeyas de Led Zeppelin y en especial con lo que vendrá a continuación.
Del Magnum Opus al autoplagio
John Paul Jones toma el timón de un viaje épico y doloroso, No Quarter es mi favorito personal de Led Zeppelin, atmosférico, misterioso, agobiante; fuente de inspiración para lo que a posteriori sería el neo-progresivo, el post-rock, y el Doom.
Los perros de la perdición aúllan en el camino que debemos seguir, el ritmo cae con el peso de la nieve y Page se transforma en Thor trayendo la tormenta.
El tema es un andante constante con pequeños momentos para mirar el fuego y continuar, una lucha contra un invierno permanente en la hiperbórea con su sol de medianoche, sus penumbras y ese instinto de supervivencia que nos obliga a seguir entre riffs que ahondan en el pesimismo de una epopeya sin final feliz.
Las texturas de John Paul Jones son los espectros de Tolkien que nos susurran que la carga que portamos no nos dará cuartel.
Un tema para escuchar a oscuras y dejar que los paisajes sonoros penetren en el subconsciente.
Musicalmente se explica por sí solo como una experiencia cinematográfica ejecutada perfectamente por estas bestias mitológicas de la interpretación llamadas Led Zeppelin, simplemente el Magnum Opus.
Se hace el silencio, es necesario abrir la ventana, llamar a la familia y agradecer que seguimos vivos, pero… comienza The Ocean.
El último tema es quizás el más Led Zeppelin del disco y a su vez una especie de autoplagio, tiene todos los elementos que los hace reconocibles: una batería en 4/4 poderosa como solo John Bonham sabe, un puente con un ritmo en semicorcheas por parte de Jimmy Page que nos da un pequeño vistazo de lo que será la gran Kashmir en su próximo disco, una walking bass al cierre por parte del tremendo JPJ que nos dice que seguimos con el blues que los formó y Robert Plant siendo el dios alado de siempre. Un tema “demasiado Led Zeppeliniano” que vendrá a ser la base productora del futuro de la banda, un sonido que inundará por ejemplo In Through the out Door.
Palabras finales
Este disco más que gustar trasciende dado que funciona como pivote estético entre los cuatro discos homónimos iniciales con su blues rock y el próximo Physical Graffiti en su exploración sonora.
Un disco necesario por la experimentación y el descubrimiento de las voces no exploradas anteriormente.
Un disco difícil que no tiene ese sonido hard rock, pero si uno refinado donde se puede apreciar la persecución de innovación armónica y tímbrica.
Entender también su contexto histórico, 1973 en Inglaterra fue un año convulso en lo político/económico, y en lo cultural el hipismo mutaba de la utopía colectivista del “Paz y Amor” a la alienación, a la exploración mística individual y esto llevó, como vimos en No Quarter, a un retorno a la melancolía de la fantasía medieval.
Finalizando, es un disco humano, quizás demasiado humano, parafraseando a Nietzsche: un niño que logra hacer girar la rueda de nuevo luego de haber cargado todo, rugido poder solo para volver a ser el ingenuo artífice de un nuevo mundo.

