Por Israel Freire, Ingeniero Mecánico
La política tiene una regla no escrita, pero implacable: cuando el relato se desconecta de la realidad, la ciudadanía pasa la cuenta. Y eso es precisamente lo que hoy enfrenta José Antonio Kast, cuya desaprobación ha escalado hasta un 55%, reflejando no solo un desgaste comunicacional, sino una fractura más profunda entre expectativa y gestión.
“Por la boca muere el pez” no es solo un dicho popular; en política, es una advertencia permanente. Kast construyó gran parte de su capital político sobre certezas firmes, discursos duros y promesas claras en materias sensibles como seguridad y orden público. Sin embargo, gobernar, o proyectarse como alternativa real de gobierno, exige algo más que convicción: exige coherencia, resultados y manejo de consecuencias.
El llamado “bencinazo” ha sido uno de los puntos de inflexión más evidentes. En un país donde el costo de la vida ya golpea con fuerza, cualquier alza en combustibles no solo impacta el bolsillo, sino que se convierte en símbolo de desconexión. A esto se suma la seguridad: cuando prometes orden inmediato, el tiempo político se acelera y la paciencia social se acorta.
Pero el problema ya no es solo de gestión, sino también de sustento técnico y político de sus propuestas. El Consejo Fiscal Autónomo fue categórico al evaluar su megarreforma: “genera impacto fiscal neto negativo”, un golpe directo a la credibilidad económica del proyecto. En paralelo, el académico José Joaquín Brunner cuestionó el proyecto de reconstrucción señalando que “no apela a nadie más que a los empresarios”, instalando dudas sobre su alcance social. Y desde el propio sector, la Cámara Chilena de la Construcción advirtió que la rebaja del IVA a viviendas nuevas no necesariamente se traducirá en una baja de precios, debilitando otra de sus apuestas emblemáticas.
A esto se suma el clima interno. Los ataques entre ministros o las declaraciones de Squella, Balladares o Longueira, parte los partidos políticos oficialistas proyectan desorden y falta de conducción. En política, la forma también es fondo: un equipo dividido transmite incertidumbre, y en contextos de tensión social, eso se castiga.
Lo que estamos viendo no es solo una caída en encuestas; es un ajuste de expectativas. Kast pasó de ser una figura de certezas a una que debe explicar contradicciones. Y ese tránsito, si no se corrige, suele ser costoso.
La pregunta no es si esta desaprobación es reversible, porque en política casi todo lo es, sino cómo. El desafío es recomponer relato, alinear equipos, moderar promesas y mostrar resultados concretos. Porque al final, la ciudadanía no castiga errores aislados, castiga la incoherencia sostenida. Y cuando eso ocurre, la sentencia se vuelve inevitable: por la boca muere el pez.

