Por Jaime Cano Carrasco, Profesor de Historia, Licenciado en Historia y Educación.
Al momento de pararse frente al país y administrar las incertezas propias de las múltiples necesidades que se presentan en la gestión del Estado y la población, es importante saber comunicar y canalizar la información. Esto es lo que en los equipos políticos se llama “por aire y por tierra”, es decir, comunicar efectivamente y de manera clara el trabajo territorial.
Tratando de entender el devenir de estos cincuenta y tres días de gobierno del presidente Kast, cuesta comprender la comunicación por aire -redes sociales, prensa, vocerías- de las medidas realizadas. Sin duda el alza desmedida de los combustibles impactó de lleno en las chilenas y chilenos, en especial de las clases sociales más vulnerables y de las zonas alejadas de los grandes centros urbanos. A diario se evidencia el esfuerzo de levantarse más temprano para enfrentar un sistema con microbuses repletos, recorridos suprimidos o que simplemente no pasan, sin mencionar las constantes alzas en los pasajes.
Al retroceder el tiempo hasta el 26 de marzo de 2026 este gobierno habló de un país quebrado, de no contar con dinero en la caja chica, generando un escenario catastrofista. Esto, en términos de relato político, es seguir el manual de campaña que les permitió obtener el triunfo del balotaje presidencial de diciembre de 2025.
El procedimiento de campaña fue simple y efectista.
Se habló de inseguridad, del peligro de la migración y de falta de oportunidades. Aun cuando los datos económicos y policiales señalaban lo contrario se instaló una posverdad en forma de infundir miedo y expectativas altas en la población. Este relato le habló al día a día del chileno común, como la gran mayoría de nosotros. Le habló de una situación crítica que se debía mejorar.
Es evidente, ¿quién no querría mejorar su situación económica o tener mayor seguridad?
Como resultado, las elecciones se ganaron con una alta expectativa de que la situación individual de todos los que votaron por el actual presidente cambiaría a contar del 11 de marzo.
Instalado el gobierno, se siguió repitiendo el manual de campaña donde se confió en poder gobernar con eslóganes y respuestas básicas a múltiples problemas. Se habló de terrorismo cuando hubo manifestaciones contra la ministra de Ciencias, luego la misma romantizó la pobreza, y se ha repetido innumerables veces la frase confiable de culpar al gobierno anterior de los males que se necesitan resolver.
Pasando revista a la gestión del ministro de Hacienda, parece estar convencido que piensa que hace lo correcto desde su punto de vista ideológico. Desregulación excesiva, confiar en el pleno empleo como la única política pública posible, reducir a su mínima expresión el rol de Estado en materias criticas como salud y educación son las consignas ideológicas de este nuevo gobierno que se camuflan en este relato de campaña del miedo.
Todo este discurso ideológico y esta lluvia de ideas neoliberales se transformó en documentos oficiales firmados por Quiroz y otros ministros y jefes de área de Teatinos 120 en firmes resoluciones de descontinuar programas sociales en diversas carteras.
La ideología, la campaña política, el eslogan del miedo se consagró en política pública con órdenes claras: reducir el presupuesto 2027 pasando de un 3% a un 15% con un macro relato del chorreo, el cual respetados economistas han comprobado que no es cierto, y donde los ministros con las mayores fortunas coincidentemente, se verán fuertemente beneficiados.
El sentido común tan claro de la campaña se diluye en una carencia de sentido de realidad al momento de comunicar políticamente. La política por aire se ve mermada, ningún ministro sale a defender las inversiones de sus carteras y, cuando lo hacen, transforman la crítica válida según sus convicciones en verdaderas bravatas como ya se ha delineado el estilo Poduje llevándolo incluso a pugnas con el poder legislativo. Al día siguiente el presidente de la República se siente cómodo con este modo confrontacional, dejando frases memorables sobre los humedales y sus recuerdos familiares en Puerto Varas.
Ni siquiera las comunicaciones gubernamentales del ultimo feriado se salvaron. Mientras Kast celebraba el “Día Nacional del Trabajo” -aparentemente desconociendo que Adolf Hitler hizo lo mismo en la década de 1930-, ningún ministerio o servicio tenía un concepto uniforme sobre esta conmemoración.
Volviendo a Quiroz y sus decretos de interpretaciones múltiples, la ideología neoliberal y gremialista que se hace carne en cada ministro se va quedando sola en medio de comunicaciones fallidas, decretos y oficios que tienen que salir a explicarse como un mal chiste, y vemos detrás un segundo piso inoperante, incapaz de aconsejar al presidente ni de uniformar o al menos conducir en el mismo carril las comunicaciones políticas de cada ministerio.
Las palabras crean realidades como reza el adagio, pero también confunden, generan miedo y finalmente se expresan en políticas públicas más parecidas a medidas gerenciales de reestructuración empresarial que a obras sociales que generen certezas y seguridades.
Mucho se ha debatido entre parlamentarios, analistas y ciudadanos como usted o como yo, si hay una o varias derechas, pero acá defiendo la tesis que la derecha es una sola más cercana o alejada del pinochetismo, pero gremialista y neoliberal al fin.
En esta elección validaron su forma de pensar con una alta votación y un buen número de parlamentarios, pero, reitero: no se puede gobernar con eslóganes de campaña ni menos cuando no se saben comunicar efectivamente sus medidas.
Por último, Quiroz y los ministros se van quedando como profetas en el desierto con medidas drásticas que después deben explicar y modificar porque no están haciendo las vocerías adecuadas y porque no hay una coordinación interministerial en el modo en que se planifica y se comunica. Quiroz está convencido que es un buen ministro que hace lo mejor por su país, pero tiene nulo respaldo político dentro de los otros ministerios y del segundo piso porque al final del día no se puede ser solo tecnócrata o gerente para gobernar.
Comunicar políticamente debe clarificar las dudas de la ciudadanía, y no demostrar confusión ni desorden en los que gobiernan.
Se debiese plantear desde un punto de vista externo: es notorio que está convencido que hace lo correcto desde su punto de vista ideológico.

