El cantante urbano, cuyo nombre real es Matías Muñoz, cuestionó duramente la ética de la cadena de comida rápida. Tras la viralización de registros privados del artista, la marca lanzó una campaña alusiva que fue calificada por el intérprete como una falta de respeto a la privacidad.
Lo que comenzó como una filtración de videos de carácter sexual en redes sociales, ha escalado a una disputa pública entre el cantante urbano Sinaka y la cadena nacional Doggis. La controversia se desató luego de que la marca utilizara el episodio para una pieza publicitaria, reabriendo el debate sobre los límites del marketing y la exposición no consentida de la vida privada.
Del silencio al marketing: «Senda Salchichona»
Tras la propagación de los videos en plataformas como X y Telegram, Sinaka inicialmente optó por un tono irónico en su Instagram, asegurando que «esa persona que me quería perjudicar me tiró más para arriba», aprovechando el impulso para anunciar un nuevo remix.
Sin embargo, el clima cambió cuando Doggis publicó una gráfica publicitaria. En ella, aparecía una figura similar al cantante —con el rostro censurado— sosteniendo un completo de gran tamaño bajo la frase “Senda Salchichona”. La alusión directa al contenido íntimo viralizado no tardó en generar una ola de críticas.
El emplazamiento: Ética y género
La respuesta del artista oriunda de Quilpué fue tajante. A través de sus redes sociales, Sinaka acusó a la empresa de una falta absoluta de principios: “Se les va a la ctm su ética cuando se trata sobre alguien famoso”, escribió.
Posteriormente, el artista instaló una pregunta que concentró el debate sobre el doble estándar mediático: “¿Y si yo fuera mujer?”. Con esta frase —publicada y luego eliminada—, el cantante apuntó a la normalización de la burla hacia la intimidad masculina en comparación con la protección y condena social que suele generar la filtración de contenido privado de mujeres.
Un debate sobre la privacidad
El caso ha puesto bajo la lupa a la cadena de comida rápida por el uso de la imagen (aunque sea censurada) de una persona en una situación de vulneración de su vida privada. Mientras algunos usuarios en redes sociales tomaron el hecho con humor, otros han manifestado su rechazo a que marcas corporativas utilicen episodios de esta naturaleza para fines comerciales, ignorando el origen no consentido de los registros.

