Ensayos Musicales: «El evangelio de las ruinas: Cómo ‘Oktubre’ convirtió al Indio Solari en el profeta de la religión ricotera»

Por Sebastián Hidalgo Retamal, bajista, compositor y socio cooperativa ajuste de cuentas sello musical

Hoy: Oktubre – Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, 1986, Wormo

¿Cuál es la necesidad latinoamericana y en especial Argentina de crear ídolos?

Hace una semana muere el Indio y Argentina se transforma en una misa de réquiem para despedirlo.

Muere el poeta mas no su sombra: entrevistas a deudos Ricoteros señalan al ídolo de masas como un padre, un salvador, alguien que los guio en la desesperanza para darle un hogar y una familia, un profeta en su tierra.

Mario Pergolini, famoso periodista musical, en editorial, lo despide diciendo: “Hay música que se escucha y hay música que se siente”.

Oktubre: el otoño de las revoluciones y el nacimiento del profeta ricotero

Escuchar hoy Oktubre, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, es encontrarse con una fotografía borrosa de los años ochenta argentinos. Cuando apareció en 1986, Argentina transitaba los primeros años de democracia. La euforia de la caída de la dictadura chocaba con la inflación, el populismo y los problemas que aun afectan a la estabilidad política de Argentina.

En ese escenario apareció el segundo disco de Los Redondos, vestido con una iconografía sobre la revolución rusa diseñada por Rocambole y atravesado musicalmente por una estética oscura, post-punk, despojada de gloria, una estética muy hija de su época.

Sin embargo, el verdadero centro gravitacional de Oktubre no es la Revolución sugerida por el título ni las referencias políticas dispersas en las canciones. El centro es el Indio Solari y su lectura profética. En Gulp!, su primer álbum, todavía compartía protagonismo con la lógica colectiva de una banda que parecía un piño universitario contracultural, pero en Oktubre emerge la figura del poeta visionario. En este disco comienza a construir este personaje ambiguo que lo acompañará durante décadas: el poeta profeta callejero.

Las canciones ya no son sobre personajes identificables sino que tratan sobre fantasmas sociales como presos, náufragos y adictos a la televisión… sobrevivientes de esta nueva modernidad que los seduce y los devora al mismo tiempo.

Musicalmente, el álbum representa también una transformación. Skay Beilinson desarrolla algunas de las guitarras más expresivas de toda su carrera, construyendo paisajes sombríos y elegantes que dialogan con la poesía del Indio. El saxofón de Willy Crook y los teclados de Daniel Melero aportan una textura urbana y nocturna que aleja a la banda del rock barrial tradicional y la acerca a una estética más cosmopolita. El resultado es un disco oscuro pero bailable, intelectual pero visceral.

Oktubre, procesión de locos corazones

Fuegos de Octubre funciona como una procesión entre las cenizas de una revolución. Musicalmente, Skay construye con su guitarra un clima tenso y sombrío, entre escombros, mientras que el Indio canta en imágenes fantasmales.

No hay épica revolucionaria; quizás una nostalgia por una fe perdida. Es el prólogo perfecto para un álbum obsesionado con aquello que sobrevive después de las derrotas.

Preso en mi Ciudad y la cárcel invisible de la rutina. La base rítmica repetitiva y asfixiante transmite una sensación de encierro psicológico donde los barrotes son las rutinas, el consumo y la alienación urbana. El personaje acá ya no es un militante ni un héroe romántico; es un sobreviviente moderno que camina entre multitudes sintiéndose desoladoramente solo.

La música de protesta con Los Redondos no es un llamado a las armas como acostumbramos a escuchar en esta parte del mundo, no hay una convocatoria a desalambrar, ni una promesa de ¡Venceremos! Como iremos viendo, la protesta es evidenciar las historias de los invisibles y no tantos que vemos en el día a día, el derrotero de siempre.

Música para Pastillas nos habla de este mundo reinado por la superficialidad, de la belleza estética como valor último: El placer como sustituto de la trascendencia
Los arreglos poseen una elegancia fría, casi clínica, mientras la letra sugiere que la felicidad contemporánea puede ser apenas una forma sofisticada de sedación y autodestrucción.

Su última estrofa nos advierte de la perdida de la rebeldía del rock, una crítica (quizás) a la estética glam y a una industria que nos vende el sueño americano en cada hit del final de la guerra fría.

Debajo de su aparente irreverencia Semen-Up esconde una crítica feroz a la mercantilización del deseo. El sexo deja de ser una experiencia humana profunda para transformarse en producto, publicidad y espectáculo. Musicalmente, la banda mezcla ironía y energía rockera, reforzando la sensación de que la sociedad moderna convierte incluso la intimidad en mercancía.

Probablemente una de las letras más proféticas del rock argentino. Décadas antes de las redes sociales y los algoritmos Divina TV Führer intuía el poder hipnótico de las pantallas. La música mantiene una tensión constante mientras la letra denuncia una forma de dominación que no necesita violencia física: basta con capturar la atención. El nuevo tirano ya no viste uniforme; aparece en el televisor.

Es Motor psico la canción más cercana a una experiencia mística dentro del álbum. El amor, la obsesión y la devoción se mezclan en un lenguaje que parece religioso y erótico al mismo tiempo. La banda genera una dinámica envolvente entre efectos de guitarra y saxo que convierte al oyente en un participante de este ritual.

Aquí aparece uno de los grandes temas del Indio: la búsqueda desesperada de algo en qué creer o al menos, saber que no es azar la existencia.

Más que una canción, un himno Ji Ji Ji es una explosión colectiva de energía acumulada. Su ritmo implacable al inicio que marca incesantemente el contratiempo del cuarto tiempo en conjunto con la tensión creciente del relato genera una sensación de catarsis casi tribal al caer en el estribillo.

El pogo eterno, el más grande del mundo, parece premonizar esta humanidad que baila frenéticamente al borde del precipicio sin dejar de sonreír, incluso cuando deja muertos en el camino.

Canción para Naufragios funciona como una plegaria para derrotados. Después del ruido, la paranoia y la tensión, aparece una mirada más contemplativa. El Indio canta para quienes han perdido el rumbo, para los que quedaron flotando entre los restos de sus antiguas convicciones. Si Oktubre es un evangelio del desencanto, esta canción es su bendición final: no promete rescate, pero ofrece compañía en medio del naufragio.

En Ya Nadie Va a Escuchar Tu Remera el Indio reflexiona sobre el desgaste de los símbolos juveniles y la inevitable erosión del tiempo. La canción parece preguntarse qué ocurre cuando las banderas culturales dejan de significar algo. Es un poema sobre la obsolescencia de los sueños y sobre la tristeza silenciosa de ver cómo las propias certezas envejecen.

Conclusión

Quizás por eso Oktubre sea el gran disco de Solari. No necesariamente el más popular ni el más refinado, pero sí aquel donde cristalizan por primera vez todas sus obsesiones: la fascinación por los perdedores, la crítica al poder, la desconfianza hacia los discursos oficiales, y la convicción de que la poesía y el arte pueden revelar verdades que la política o los mass media no alcanzan a nombrar.

Otro punto quizás no deseado por el propio Solari: el poeta de las ruinas terminó convertido en un ídolo.

Y acá la necesidad de la cultura latinoamericana de crear ídolos populares que resistan a los lideres que pese a ser elegidos por nosotros no nos representan: El hombre que dedicó buena parte de su obra a desconfiar de los discursos absolutos, de los liderazgos carismáticos y de las verdades reveladas terminó siendo objeto de una devoción que, observada desde cierta distancia, adquiere rasgos casi religiosos.

Los recitales ricoteros dejaron de ser simples espectáculos musicales para transformarse en peregrinaciones. Miles de personas viajaban cientos de kilómetros para participar de una ceremonia colectiva cuyo centro no era únicamente la música, sino la experiencia de pertenencia. Como en las antiguas festividades religiosas, lo importante no era sólo escuchar al profeta sino encontrarse con la comunidad de creyentes.

Este fenómeno nos recuerda aquello que Nietzsche observó tras su proclamación de la muerte de Dios: los seres humanos no dejan de necesitar sentido cuando desaparecen las antiguas creencias. Simplemente trasladan esa necesidad hacia otros lugares.

Y Solari se ocupó de esa necesidad, le dio opciones a quienes nunca tuvieron, mostro que la rabia puede ser canalizada, que la rebeldía también puede ser crecer e ir contra el sistema no como un outsider, sino más bien como alguien que pese a todo puede sonreír y bailar, que es posible crecer pese al sistema antropófago y segregante. Y así fue, el Indio termino siendo el dios padre de toda una nación ricotera.

Finalizando, Oktubre no habla del triunfo de las revoluciones, sino, de lo que queda cuando terminan, y en esas ruinas, el Indio Solari encontró su reino, y así, el poeta que cantaba sobre la caída de los ídolos terminó convirtiéndose en uno de los últimos grandes ídolos argentinos.

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