Geólogos y vulcanólogos siguen de cerca la actividad del macizo debido a su particular composición magmática, considerada de las más explosivas de la Zona Sur de Chile. Autoridades llaman a la calma e intensifican el monitoreo preventivo.
Las miradas del mundo científico y de los comités de gestión del riesgo de desastres se han trasladado de manera prioritaria hacia la cordillera de la Región del Maule. Expertos del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y centros de investigación vulcanológica han manifestado su atención e inquietud ante las recientes variaciones en los parámetros de comportamiento del Volcán Longaví, un macizo que por su historial y características geológicas singulares se mantiene bajo un estricto radar de monitoreo técnico.
Pese a que el volcán —ubicado en la provincia de Linares y con una altitud que roza los 3.240 metros— suele presentar una actividad superficial pacífica en comparación con vecinos más activos como el Peteroa o el Descabezado Grande, sus dinámicas internas latentes exigen una lectura minuciosa por parte de los especialistas.
El peligro oculto: Un magma altamente explosivo
La principal razón por la cual el Longaví genera preocupación permanente entre los científicos no radica únicamente en la frecuencia de sus sismos asociados a la dinámica de fluidos, sino en su química geológica. A diferencia de la mayoría de los volcanes de la Zona Sur de Chile, cuyas lavas tienden a ser más fluidas (basálticas), las investigaciones históricas demuestran que el Longaví posee una alta concentración de dacita y evoluciones magmáticas ricas en gases.
Esta particular composición molecular se traduce, en términos sencillos, en un potencial de erupciones altamente explosivas y peligrosas, capaces de generar el colapso de domos, flujos piroclásticos de avance veloz y densas columnas de ceniza que podrían comprometer los valles colindantes y la conectividad de la macrozona central si el sistema llegara a desestabilizarse.
Refuerzo en el monitoreo preventivo
Frente a las últimas anomalías detectadas por la Red Nacional de Vigilancia Volcánica —que suelen incluir enjambres sísmicos de baja magnitud o sutiles deformaciones imperceptibles para la población—, los expertos han enfatizado la necesidad de robustecer las estaciones de telemetría, sensores de gases e inclinómetros digitales instalados en el edificio volcánico.
Por su parte, las direcciones regionales del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) han reiterado que, si bien el volcán es un sistema vivo y en constante evolución que justifica la inquietud técnica de los geólogos, las alertas vigentes operan bajo estrictos protocolos de prevención. Las autoridades hicieron un llamado a la comunidad local a mantenerse informada exclusivamente a través de los canales oficiales, recordando que los mapas de peligro y las vías de evacuación de las comunas cordilleranas del Maule se encuentran actualizados de manera permanente ante cualquier eventual cambio de fase o alerta técnica.

