Hugo Pizarro, Director Técnico colectivo de muralismo “Mural Parlante”
Por Cristian Allendes, periodista
Hace unos días, en el cerro Los Lecheros, se levantó el mural urbano dedicado al ex baterista de Los Jaivas, Gabriel Parra, considerado uno de los íconos de la música chilena y cuya trayectoria en la banda nacional dió origen al Día del baterista, celebrado cada 25 de julio en homenaje a su natalicio. La obra fue creada y plasmada por el colectivo Mural Parlante, en conjunto con otros artistas, contribuyendo al reconocimiento del baterista en la memoria cultural de Valparaíso.
Para Hugo Pizarro, director técnico de Mural Parlante “Gabriel es una figura profundamente inspiradora: hay en él una fuerza, un pulso creativo, un empuje, pero también una dimensión espiritual que se expresa en su forma de hacer música”
¿Cómo surge la idea de levantar el colectivo y plasmar por la ciudad de Valparaíso los distintos murales que vemos?
Mural Parlante comienza su trabajo en 2017, enfocado en la gestión de arte público y muralismo. Las primeras actividades se desarrollan en el marco del Primer Encuentro Latinoamericano de Muralismo en Chile, realizado ese mismo año en la ciudad de Osorno. En 2018, se hace pública la colectividad a través del proyecto Red de Murales Culturales, financiado por el Fondo de Iniciativas Culturales de Valparaíso. Ese proceso marca la aparición formal de Mural Parlante como colectivo.
El origen del proyecto está directamente vinculado a la experiencia con distintas colectividades del muralismo latinoamericano, como las brigadas de resistencia, la Brigadas Ramona Parra, el colectivo La Garrapata y agrupaciones provenientes del conurbano bonaerense, incluyendo fileteadores y muralistas con una fuerte orientación política y social. En ese contexto, el trabajo colectivo aparece como un eje central: no solo en la ejecución de obras, sino en la construcción de sentido. La motivación principal es utilizar el muralismo como una herramienta para dar voz a sectores que no siempre tienen espacios de expresión, entendiendo el muro como un soporte público capaz de funcionar como un “parlante social”. De ahí surge también el nombre del colectivo: Mural Parlante, en referencia directa a esa idea de amplificar voces a través del espacio urbano.
En Valparaíso, Concón, El Vergel, por nombrar algunos lugares, ustedes han plasmado murales con distintas temáticas, pero con un mismo hilo conductor que es la identidad local. ¿Cómo describirías el trabajo que realizan y en qué se basan para el diseño, la realización y la puesta en escena de los murales?
En proyectos desarrollados en territorios como Valparaíso, Concón o El Vergel, el trabajo se construye a partir de distintas bases según el contexto. En algunos casos, el punto de partida puede ser un enfoque más histórico, apoyado en referencias como el museo de Placilla o procesos de memoria local. En otros, el énfasis está puesto en elementos del territorio como personajes, flora o fauna. No existe una única línea temática, sino una adaptación al lugar donde se interviene. La idea central es establecer un diálogo con el territorio. A partir de ese proceso, se desarrolla de forma conjunta el diseño de la obra, integrando la visión de la comunidad y los vecinos. Ese diseño es luego validado colectivamente, buscando representar el sentido o el deseo que la propia comunidad proyecta sobre el espacio.
En el cerro Los Lecheros levantaron un gran mural sobre Gabriel Parra, primer baterista de Los Jaivas y un ícono de la música chilena. ¿Por qué, según ustedes, es importante mantener viva la memoria de Chile, su música y su cultura?
Para nosotros, la memoria es la base del trabajo. No es un elemento secundario, es estructural. En el caso del mural de Gabriel Parra, hay varios niveles que se cruzan. Por un lado, Gabriel es una figura profundamente inspiradora: hay en él una fuerza, un pulso creativo, un empuje, pero también una dimensión espiritual que se expresa en su forma de hacer música.
Pero además, su historia está ligada a una forma de vida colectiva. Los Jaivas no sólo desarrollan un trabajo artístico en conjunto, sino que construyen una manera de vivir: crean colectivamente, comparten en familia, sostienen un proyecto común en el tiempo. Eso, para nosotros como colectivo, es directamente identificable. Nosotros también trabajamos de forma colectiva, compartimos cotidianamente, conocemos a nuestras familias y a nuestros hijos. Hay una relación real con esa forma de entender el arte y la vida. Desde ahí, Gabriel no solo nos inspira a nosotros, sino que es una figura que puede inspirar a otros. Y en ese sentido, aparece también una dimensión más crítica: existe una deuda. Como mundo cultural, como ciudad de Valparaíso, había una deuda con Gabriel Parra. Él da origen al Día del Baterista en Chile, establecido en la fecha de su natalicio, pero ese reconocimiento muchas veces queda en un espacio reducido, más bien de nicho. No necesariamente llega al espacio público ni a la vida cotidiana de las personas. Por eso el mural busca instalar esa memoria en la calle, sacarla de ese espacio cerrado y llevarla a un soporte visible y accesible, donde pueda ser reconocida desde el territorio. Es una forma de homenaje desde lo popular. Este proyecto se desarrolla además en articulación con distintos actores: la comunidad del cerro Los Lecheros, el municipio en el marco de Valparaíso Ciudad Musical, y el propio territorio, considerando que Gabriel nace en Valparaíso. En ese sentido, el mural responde a la convergencia de varios factores: lo emocional, lo histórico, lo territorial y lo colectivo.
El muralismo se considera un arte público pensado y diseñado para transformar espacios urbanos, donde lo comunitario y la identidad local es fundamental ¿por qué la importancia de crear en base a lo identitario y a lo comunitario? ¿Cuál es el significado para ustedes de trabajar con las comunidades, con los colectivos y finalmente con las ciudades?
Para nosotros, más que un significado, es la base del trabajo. No es algo accesorio, es el trabajo diario. El desarrollo del muralismo está directamente vinculado a la gente, a las personas y a la comunidad. Tiene que ver con la representación de sus deseos, de sus alegrías y de sus penas, pero también con la manifestación de sus tensiones, de su rabia y de los cambios que buscan impulsar. Desde ahí, el trabajo con la comunidad no es una etapa dentro del proceso creativo, sino su fundamento. Es la raíz desde donde se construye la obra. Esto también tiene un sustento en la historia del muralismo. Desde su desarrollo en México a comienzos del siglo XX, el muralismo tuvo una intención clara: informar, educar y relatar la historia del pueblo, especialmente en contextos donde amplios sectores de la población no tenían acceso a la educación formal. En ese sentido, la tradición del oficio está profundamente ligada al vínculo con el territorio. El muralismo, en su origen, es una práctica que se construye en contacto directo con la comunidad, con sus historias y con sus luchas. Hoy, ese principio se mantiene vigente. El trabajo sigue estando centrado en lo que ocurre en el día a día en los territorios y en la capacidad del muralismo de transformarse en un instrumento para visibilizar esas realidades.
¿Qué nuevos proyectos se vienen para Mural Parlante y cómo quieren seguir proyectando el trabajo que realizan?
En el corto plazo, tenemos actividades internacionales importantes. A mediados de mayo, dos integrantes del colectivo viajan a Francia, Helen y Kalkú, en el marco de un proyecto vinculado al Ministerio de Educación francés, asociado al currículum de español y en colaboración con una ONG en Francia. Allí desarrollarán trabajo en distintas ciudades, principalmente en formato de talleres y también intervenciones como mural en piso. La estadía se extiende por aproximadamente tres meses. Este proceso no es aislado, ya que está proyectado repetirlo nuevamente hacia el segundo semestre, con un nuevo viaje de muralistas a Francia. En paralelo, seguimos desarrollando proyectos en Valparaíso, donde ya hay iniciativas diseñadas que esperamos ejecutar durante el año en la ciudad. Además, tenemos una línea de trabajo en Brasil, donde hemos avanzado en proyectos vinculados a la identidad de pescadores artesanales, particularmente en torno a la pesca de la tainha en el sur del país. Ese proceso sigue en desarrollo. En ese sentido, el trabajo del colectivo hoy se mueve en distintos frentes: iniciativas internacionales, proyectos en desarrollo en otros países y el trabajo cotidiano en Valparaíso.

