Nuevos antecedentes revelan que Hernán Meneses Leal planificó la «masacre» con cuatro meses de antelación. El uso de iconografía Incel, referencias al nazismo y la imitación de tiradores masivos extranjeros forman parte del complejo rompecabezas que hoy analizan expertos y la justicia.
Tras el brutal asesinato de una inspectora y el ataque a otras tres funcionarias en el Colegio Obispo Silva Lezaeta, la investigación sobre Hernán Meneses Leal (18) ha desclasificado detalles perturbadores. El joven, que se encuentra en prisión preventiva, no solo ejecutó un plan premeditado, sino que dejó una estela de señales en el mundo digital que hoy cobran relevancia criminalística.
La planificación de una «masacre»
Según un reportaje de Informe Especial y datos de la audiencia de formalización, Meneses comenzó a gestar el ataque cuatro meses antes. En su diario de vida y redes sociales, plasmó una visión nihilista y violenta: “La vida es un castigo y cuanto antes termine mejor”, escribía, asegurando que no pretendía llegar a la vida adulta. Su motivación, según peritos, se sostenía en un trípode de odio, anticapitalismo y misantropía.
Simbología Incel y referentes neonazis
La actividad digital del atacante reveló su cercanía con subculturas extremistas de internet:
- El meme «Chudjak»: Meneses utilizaba esta imagen, vinculada a comunidades Incel (célibes involuntarios) y a sectores de extrema derecha, para proyectar una identidad de resentimiento social.
- Discord y misoginia: En plataformas de mensajería, el joven manifestaba un profundo desprecio por las mujeres y compartía iconografía nazi, como el águila imperial, llegando a realizar juegos de rol bajo esa ideología.
- Efecto imitación: El ataque muestra claros signos de inspiración en Patrick Wood Crusius (autor de la masacre de El Paso, Texas, en 2019). Incluso, Meneses marcó sus armas con nombres de criminales que perpetraron matanzas en Rusia, Finlandia y Estados Unidos.
La alerta por los «Copycats»
Uno de los puntos que más preocupa a los expertos es el fenómeno de los «copycat killers» (asesinos imitadores). Tras el ataque en Calama, han surgido cuentas anónimas en redes sociales que no solo apoyan el crimen, sino que juegan a suplantar a Meneses buscando notoriedad. Este afán de «fama criminal» es un factor de riesgo que las autoridades están monitoreando para evitar nuevos brotes de violencia imitativa en otros establecimientos del país.

