Voy a decir algo tal vez muy poco diplomático, pero como parte de la clase me tienen los ovarios bien hinchados con sus abajismos, casi en términos de caridad.
La «gratuidad» de Bachelet, de la Nueva Mayoría, del Gobierno no es algo que debamos aplaudir de pie, «los beneficiados»- «usuarios» son menos que los que cubrían las becas. Eso no significa que no me alegre porque familias como la mía, sin nada más que afectos y esfuerzo puedan estudiar sin endeudarse, no como me tocó a mi, a mi hermana, a amigos y a más; pero la igualdad y los derechos no pueden ser historias excepcionales y aisladas, donde miles de familias siguen en ascuas sin saber si pueden estudiar o no, porque la desigualdad está intacta – ¿podré ser beneficiari@ del Programa de Gratuidad?-.
Me indigna que desde sus privilegios intenten hacernos creer que es lo bueno o con qué debemos conformarnos, que podemos criticar o que debemos aceptar sin chistar.
La dignidad de la clase compañeros y compañeras radica en derechos universales, donde no exista nadie sacrificable, donde no compitamos por quién es más pobre o «vulnerable» para ser merecedor de la caridad o limosna que nos ceden sin renunciar a ninguno de sus privilegios para así dormir tranquilos entre tanta miseria humana.
No perdamos la brújula, el llamado es a movilizarse más que nunca, a organizarse, su caridad no son mis derechos, sus bonos, sus becas o sus beneficios no terminan con la desigualdad, ni menos la dañan con ficticios avances cumas.


