Primero fueron los anarquistas con el “caso bomba”, luego el joven pakistaní Muhammad Saif-ur-Rehman Khan inculpado y señalado previo juicio por Hinzpeter como un terrorista. Ahora a quien les a tocado ocupar el sillón de inculpados del Ministro del Interior han sido los mapuches, aquella nación que vive en el sur de Chile que tanta persecución, violencia y robo a tenido que recibir por parte de nosotros los chilenos.
En el 2001 casi todos los habitantes del mundo veían derrumbarse en vivo y en directo gracias a la televisión las torres gemelas en USA. Todos asustados y preocupados se preguntaban quienes habrán sido aquellos mal nacidos que atacaron a aquella inmaculada nación, que sacrificando todo solo por ser buenos nos había salvado de los nazis, de la amenaza comunista, de las armas nucleares de Irak y que en tantas ocasiones de manera desinteresada había ido a tomar el control de una serie de países jamás buscando un interés propio, si no que solo buscando el bien de los demás países.
Pero aquel atentado dejó algo más profundo que una destructiva imagen o un gran número de inmigrantes muertos, sino que construyo el camino de justificación por parte de los estadounidenses para atacar y perseguir sin limitaciones al mundo árabe, culpándolos de terroristas, permitió armar hasta los dientes a esta super potencia, autorizándola a violar la soberanía de los pueblos y manejarlos y robarles descaradamente a quien se les ocurriera. Intensificaron la idea del enemigo común, ese ideario que perdieron tras la “caída” de la URSS.
Hinzpeter, ese hábil político chileno, de gran carisma y bondad comparable solo con el padre Hurtado, ha entendido que el deber principal de un estado es luchar contra estos terroristas que quieren atentar contra la estabilidad de este mundo desarrollado y tan bueno que permite esta igualdad social. Luchar con uñas y dientes, sin importar consecuencias, ni nada. Sin importar saltarse los cánones morales, la buena educación, la presunción de inocencia, las leyes, la separación de poderes, entrar en el racismo y la discriminación.
Primero fue el denominado “caso bomba”, que una vez salido el fiscal Peña del caso, para pasar a ser la mano derecha del primer ministro chileno, ha terminado por desestimarse casi la totalidad de pruebas (entre ellas escuchas telefónicas ilegales, entre otras violaciones a la ley), liberarse a casi todos los inculpados y quedando más en evidencia un montaje que una red de terroristas. Luego vino el irrisorio y ridículo caso del joven pakistaní, que sin sentido fue llamado a la embajada de USA, detenido por efectivos internacionales, culpado públicamente por el vicepresidente de Chile, acusado de terrorista y delincuente. Pero posteriormente liberado y despojado de toda culpa; todo, simplemente otro montaje más. Y ahora le toca a la nación Mapuche.
Aquella nación ancestral, que tubo que resistir a los incas, a los españoles y ahora a duras penas a logrado resistir al peor de sus enemigos, el estado chileno, al cual hace cerca de 30 años tienen declarada la guerra, guerra en la cual han sufrido el asesinato de una gran cantidad de jóvenes, niños, mujeres y hombres desarmados, que el único delito que han cometido es defender sus tierras y su historia de un pueblo invasor que el interés que los mueve es sólo la codicia y el dinero.
Hoy Hinzpeter los culpa sin pruebas ni juicio, de ser culpables de los lamentables incendio que azotan el sur del país, una vez más Hinzpeter cree tener el derecho de culpar sin temor a alguien sin juicio previo, de discriminar a alguien por su grupo social o étnico, faltando el respeto no sólo a quien culpa, sino que también a todo el pueblo chileno que representa, que no tiene por que soportar que esta persona que debe estar al servicio del país tome decisiones pensando en su conveniencia o parecer y deje de representar a la ciudadanía, ciudadanía que somos todos nosotros.
El gobierno por su parte no ha hecho más que respaldar a este sujeto que ha violado la ley en innumerables ocasiones, y hemos visto un presidente que no ha tenido los pantalones para reconocer el error de nombrarlo, ni los pantalones para parar con los errores de este ministro, ni los pantalones para destituirlo. Por que ¿no es acaso el momento para que Hinzpeter salga? ¿O los errores que ha cometido no son suficientes como para que de un paso al lado? ¿O el egoísmo y el ego prima en este Gobierno?


La foto no es de Chile. De todos modos buen artículo.
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Gracias por el comentario y la corrección, modificaremos la foto.
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Absolutamente de acuerdo…….Chao Gilpeter
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