Especialistas en ingeniería y geomorfología alertan que la erosión eólica y la acumulación de arena en Arica y Parinacota obligarán a un gasto fiscal permanente. Mantener operativa una excavación en el desierto más árido del mundo requiere maquinaria pesada constante, elevando los costos logísticos a largo plazo.
La construcción de zanjas en la frontera norte de Chile, una de las medidas más emblemáticas para reforzar el control migratorio irregular, enfrenta hoy un cuestionamiento técnico que va más allá de su efectividad política: su sostenibilidad económica.
Expertos en infraestructura de zonas extremas advierten que el principal enemigo de esta obra no es humano, sino geográfico. El desierto de Atacama, con sus vientos persistentes y grandes volúmenes de sedimentos, actúa de forma permanente para rellenar cualquier depresión artificial en el terreno, fenómeno conocido como colmatación.
El factor naturaleza: Una lucha contra el viento
A diferencia de otras obras civiles, una zanja de tres metros de profundidad en pleno desierto no es una estructura estática. Según especialistas en geomorfología, la erosión eólica transporta arena de manera continua, lo que podría dejar la excavación inutilizable en plazos relativamente cortos si no se interviene de forma activa.
«El propio entorno trabaja constantemente para devolver el relieve a su estado original», señalan los informes técnicos. Esto implica que, para que la zanja cumpla su función disuasiva, el Estado deberá comprometer un flujo de recursos permanente para el despeje y reperfilado de taludes mediante el uso de maquinaria pesada en zonas de difícil acceso.
Un impacto fiscal aún no cuantificado
A pesar de la magnitud del proyecto en la región de Arica y Parinacota, hasta la fecha no existen cifras oficiales detalladas sobre cuánto costará mantener estas zanjas operativas mes a mes.
La logística necesaria para trasladar operarios, combustible y maquinaria a sectores aislados y con escasa conectividad eleva significativamente los costos operativos. Antecedentes en rutas y canales del norte chileno confirman que la acumulación de arena es un problema recurrente que exige mantenciones mucho más frecuentes que en el resto del país.
¿Viabilidad a largo plazo?
El debate técnico comienza a desplazarse desde la ejecución inicial hacia el ciclo de vida completo de la obra. Especialistas coinciden en que, en territorios tan adversos, no solo importa el costo de la excavación original, sino el gasto fiscal que significará sostener una intervención que enfrenta una resistencia natural constante.
Sin un plan de mantenimiento robusto y financiado, la «zanja» corre el riesgo de ser sepultada por el mismo desierto que intenta proteger, convirtiéndose en una inversión de baja eficiencia temporal.

