Por Camila Nieto Hernández, concejala de Valparaíso.
En el último tiempo han vuelto a ser relevantes eternas necesidades y problemas propios de la vida en comunidad, esto debido al aumento de delitos de alta connotación social que han mermado la sensación de seguridad en nuestra comuna, en el país y en varios lugares del mundo.
La percepción de seguridad es muy importante. Se trata de un efecto comunicativo entre el espacio público y las personas que lo constituyen y se vinculan con él. La impresión que nos genera la imagen cotidiana de Valparaíso nos estimula una sensación determinada que afecta nuestra disposición para desplegarnos en la ciudad y para interactuar con el resto. Ello implica, por lo tanto, que la propuesta de espacio público con la que nos relacionamos todos los días afecta nuestras emociones, nuestros niveles de estrés y nuestra sociabilidad, ¿Qué nos ofrece el espacio público de Valparaíso, en específico su plan, en estos tiempos? En mi perspectiva, hay dos ángulos para analizar esta situación, el primero es ver de frente aquella realidad que nos duele.
Quienes hemos nacido y vivido en esta ciudad, podemos comparar y mirar con perspectiva el actual estado en que está el plan. Creo importante reconocer que no estamos en el mejor momento, hay distintos elementos y circunstancias que configuran lo que vemos cuando caminamos por él.
Uno de ellos es el complejo estado arquitectónico en el que se encuentran edificaciones que son patrimoniales, esto se contradice con el valor especial de nuestra ciudad al ser Patrimonio de la Humanidad, declarada por la UNESCO en 2003. Los incendios, la pandemia y la difícil situación económica han hecho que muchos edificios queden abandonados por sus dueños, generando una sensación un tanto lúgubre que empobrece la imagen con la que día a día nos relacionamos.
Por otro lado, las últimas crisis económicas y la ausencia de puestos formales de trabajo, entre otros factores, han provocado un crecimiento del comercio informal, el que actualmente ocupa parte importante del plan de la comuna. Acá ha existido una ausencia de autoridad que regule y ordene el comercio en las calles, abordando todas las dimensiones que esto implica, pues la solución no es solo sacar con la fuerza pública a las personas que buscan su sustento de esta manera. Por años esta falta de regulación nos ha llevado al punto actual, en que el espacio público ha sido tomado para un solo fin.
Finalmente, la gestión del aseo y el ornato, no ha conseguido redirigir y transformar las dinámicas que día a día generan suciedad y desorden en el plan. Se extraña una planificación en este ámbito que responda a las lógicas de la vida de la comuna. Tampoco se ha logrado avanzar en un cambio de paradigma en el ámbito urbanístico, que permita la generación de un espacio iluminado, con acceso a baños públicos y en general un diseño urbano contemporáneo que tenga en consideración las diferentes aristas del habitar.
Todo lo comentado da como resultado un espacio inseguro, sobre todo para las mujeres, pues nos vemos más expuestas a ciertos delitos de alta connotación social. Por su parte el escenario actual ha devenido en que centremos parte de nuestra atención en lo descrito y no en lo hermoso de Valparaíso.
Sin embargo, también hay otra perspectiva para apreciar este asunto. Una visión más esperanzadora y que confíe en que somos las y los habitantes de Valparaíso quienes sacaremos esta situación adelante, junto a autoridades que no nieguen la situación sino que la miren de frente pensando en las oportunidades de avance y desarrollo que esto
representa.
Desde mi punto de vista, se requiere con urgencia una propuesta de gestión patrimonial seria y bien perfilada que pueda ser presentada a los poderes regionales y nacionales para su pronta ejecución. En cuanto al comercio en las calles podríamos comenzar por hacernos cargo, regular y ordenar. Finalmente urge un nuevo modelo de gestión del aseo y del ornato de la ciudad, con nuevas tecnologías, más recursos y con una planificación cíclica de la limpieza más cercana a la realidad viva de la ciudad.
Valparaíso es una ciudad con características muy particulares, lo que implica que seguro habrá que inventar nuevas soluciones que hoy no están escritas. Debemos tener el atrevimiento de permitirnos ver las cosas de otra manera, para así encontrar respuestas y acciones concretas que nos permitan recuperar la belleza del plan de Valparaíso. Creo que no podemos quedarnos en la terrible y a la vez cómoda situación de estar de acuerdo en que simplemente todo está mal.
La invitación es a que más allá de buscar responsables, nos propongamos juntas y juntos comenzar a dibujar una ciudad con nuevos acuerdos, formas y colores, para diseñar y ejecutar políticas que le permitan al plan de nuestra comuna ir recuperando su historia y belleza.

