Luis Cisternas Olivares, Asistente de la Educación, liceo Politécnico de Quintero y Secretario Político Movimiento Acción Popular (MAP)
Desde hace unas semanas, las comunas de Quintero y Puchuncaví (ubicadas en la costa norte de la Región de Valparaíso), han ocupado los principales titulares de los medios de comunicación masiva, tanto nacionales como internacionales. La contaminación ambiental, de estas dos comunas, ha llamado la atención de la agenda pública.
Pero después de tanto despliegue mediático y político: ¿qué nos queda en limpio? ¿Qué sucederá después que se vayan las cámaras y los micrófonos de los medios de cobertura nacional? En definitiva: ¿cuál es el decantar político y práctico de esta tragedia mediática?
Lo que hoy ha sido noticia para todo un país y gran parte del mundo, es una realidad con la que hemos vivido generaciones tras generaciones durante más de cinco décadas. Un ambiente contaminado con quién sabe qué cosa. La tierra se ha vuelto infértil. El mar ya no es la fuente alimenticia de la población como lo fue en algún momento para la cultura Bato, seres originales de este territorio, que principalmente vivió de la pesca, la recolección de orilla y del vergel que se ubicaba en lo que hoy es el límite entre Quintero y Puchuncaví.
Después que se van las cámaras, queda lo mismo de siempre: una economía local destruida, una cultura popular profundamente dañada. Seguiremos esperando las mismas soluciones que nos han negado desde siglos.
Se van los medios de comunicación y queda una juventud sin un lugar donde cursar educación superior, viéndose obligados a viajar largas horas y pagar el valor del pasaje de transporte intercomunal más caro de la región de Valparaíso.
Después del show mediático, nos quedan cientos (sino miles) de niños y adolescentes que se encuentran sin un lugar de estudio, abandonados por el Estado, entregados a las leyes de la calle; debiendo recibir el constante hostigamiento por parte de Carabineros de Chile, que nada soluciona y solo logra generar problemas, porque claro está que la policía civil y uniformada, está exclusivamente para perseguir pobres y proteger a los ricos.
Después de pasada la “emergencia”, seguiremos respirando el mismo aire, igual de contaminado, conviviendo con las mismas industrias asesinas. Seguiremos contando con un hospital deficiente. Todo seguirá igual, porque el problema no es el gobierno central ni local; sino el Estado regido con un estricto y disciplinado apego al Neoliberalismo, que centra todo su actuar exclusivamente en generar las máximas utilidades a los capitalistas sea como sea.
Las leyes, las instituciones, todo a molde para garantizar que jamás haya pérdidas económicas.
Por tanto, mientras la cultura y la Constitución de la República sigan siendo Neoliberal, nada cambiará en Quintero, Puchuncaví, Concón y todos aquellos territorios en igual situación.
Lo único que podrá generar cambios reales en la situación material de los habitantes de estos territorios, es la participación social y política activa de los sectores sociales marginados por este sistema económico cuya expresión cultural es altamente discriminatoria y segregadora. Debemos trabajar para derribar los límites de lo posible.
Por esto, hoy es urgente que nos movilicemos creando organización social y política con arraigo popular, porque seremos los marginados, quienes podremos hacer las transformaciones necesarias para demoler esta cultura individualista arraigada profundamente en el Chile post dictadura. Sólo ahí la realidad será otra.

