11 rinocerontes murieron al ser traspasados a parque en Kenia

El traspaso de 11 rinocerontes a un parque nacional del sureste de Kenia no era, en principio, más que una mera formalidad. Pero acabó convirtiéndose e uno de los mayores fracasos de la historia de la protección de la fauna salvaje del país, que dejó atónitos a los defensores del medio ambiente.

Según varios testimonios corroborados por documentos consultados por la AFP, hubo varias advertencias, que fueron ignoradas o incluso ocultadas, sobre la alta salinidad del punto de agua previsto para los once animales, representantes de una especie gravemente amenazada, que murieron intoxicados por la sal del bebedero.

El trágico desenlace abrió un capítulo de acusaciones y reproches entre los diferentes protagonistas de la iniciativa.

A finales de junio, el ministro keniano de Turismo y Fauna Salvaje, Najib Balala, y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) anunciaron con bombos y platillos la conclusión de un proyecto de seis años, y que condujo al traslado de rinocerontes negros desde los parques de Nairobi y Nakuru (centro) a un nuevo refugio, un inmenso cercado de 100 km2, en el parque de Tsavo Este (sureste).

Pero, tras haber ingerido agua extraída a varios metros de profundidad, los rinocerontes murieron uno tras otro. El proyecto del Servicio Keniano de Fauna (KWS), financiado en un millón de dólares por WWF, se volvió una pesadilla.

Según Benson Kibore, director de la Asociación keniana de Veterinarios, que participó en la autopsia de los rinocerontes, el agua estaba tan salada que incluso corroyó una verja de metal cercana a la bomba.

Al parecer, el agua salada les daba aún más sed a los animales, que consumían más y más. La lenta deshidratación de su cuerpo se tradujo en la desecación de sus tejidos y el espesamiento de su sangre.

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