Por Eduardo Muñoz Inchausti, administrador público y ex subsecretario.
Chile es un país sísmico, de eso no cabe duda. De hecho, en lo que va de mayo, el Centro Sismológico Nacional ha registrado 450 sismos con magnitud mayor que 3. Sin embargo, los sismos percibidos son “sólo” 15 en el territorio de la República. Imagínese señor lector, la cifra nos indica un promedio de 23 sismos diarios y sólo percibimos unos pocos, una media de 0,8 cada día de mayo.
Este fenómeno – la sismicidad – se produce debido a la tectónica de placas, y esto quiere decir que la superficie de la tierra, o litósfera, flota rígida sobre la menos densa capa de roca magmática. La litósfera no es una capa continua. Por el contrario, tiene múltiples fracturas que delimitan lo que los expertos llaman placas, las que tampoco son estáticas, si no que permanentemente se mueven y se renuevan con nueva roca que emerge del corazón de la tierra y se sumergen sus bordes bajo la placa adyacente, para volver a su fuente. Esos movimientos – que reciben el nombre de Abducción y Subducción – explican la sismicidad de Chile, país ubicado en la línea de contacto entre la placa Sudamericana y las Placas de Nazca y Antártica.
De ese permanente y complejo proceso geológico sólo percibimos, a veces, lo que llamamos temblores y, de vez en cuando, terremotos y erupciones volcánicas. Sin embargo, este proceso ha dado forma a elementos propios de nuestra geografía. Así, cordilleras, montañas, ríos, valles, fiordos y un largo etc. de lo que conocemos como paisaje es producto de la “Tectónica de Placas”.
En paralelo, y también durante las últimas semanas, la agenda del país ha estado marcada por dos “Terremotos” en lo que podríamos llamar el paisaje cultural de Chile. Ambos eventos sísmicos venían acumulando energía hace años pero uno de ellos fue más “Sorpresivo” que el otro, o al menos así lo catalogan los medios.
El primer terremoto, El de la Iglesia y el manejo de los casos de abusos sexuales a menores, vino precedido de sismos constantes y de intensidad baja. Denuncias aisladas primero, la arremetida de los denunciantes de Karadima, el manejo vergonzoso de la iglesia, la desinformación que hizo que la visita del papa fuera un Tour del despropósito, hasta llegar al Informe de Scicluna y el actual estado de cosas, que cuando parecía ir por la vía de tranquilizarse, la cruda realidad y el aserto del Tío Emilio, nos tiene con los curas de nuevo en la primera plana.
El segundo terremoto – el que a muchos, con “o”, ha tomado por sorpresa – Es el movimiento contra el abuso y la educación no sexista, Identificado como “La irrupción” del movimiento feminista en la agenda. Este sismo no fue precedido por sismos perceptibles (temblores) en el instrumental de la opinión pública, más bien ha aparecido como un tema desconectado, aislado, sorpresivo, Incluso de Boutique decían algunos. Muchos, aún ahora, ni siquiera asocian las tomas “feministas” con el femicidio, y la gran marcha global contra aquel que bajo el título de “Ni Una Menos” ya había llenado las calles de las principales ciudades en 2016. Hoy, igual que entonces, las energías que se movían en Europa contra la violencia machista llegó, tan rápido como la electromagnética lo permite, como una ola exigiendo ya no leyes, sino igualdad, ya no perdones, si no cambios culturales en las conductas consideradas legítimas por la sociedad.
Ambos temas tienen algo en común. Son temas de dignidad humana, son acciones que nos gritan fuerte que esa cosa llamada sociedad de iguales, sea ante la Ley, ante los cielos, o ante lo que sea; esos que se llaman valores republicanos y democráticos tienen fisuras más grandes que cualquier placa de la tierra y que, sismo a sismo, sean estos perceptibles o no, nos van alertando que la Tierra se mueve y lo que está sobre ella debe hacerlo también, y eso es inexorable. Es el momento de que los que tienen conciencia de esto, los que aspiran a que el mundo sea mejor y más justo, se ocupen de calibrar mejor los instrumentos y percibir esos pequeños movimientos que van anunciando que el malestar está allí y emerge cuando quiere y que, lamentablemente, los que debieran estar más atentos, andan por allí buscando el proyecto político que los una, cuando, en realidad, la unidad es el proyecto y el resto es escuchar a la tierra.


