La mercantilización del 8 de marzo es una demostración de como la historia de las mujeres se sigue escondiendo bajo la alfombra del machismo. En la escuela no se cuentan las hazañas de mujeres como la sargento Candelaria, y si se mencionan no son más que una anécdota en la sombra de los heroicos hombres.
El poner a la mujer en el lugar histórico que le pertenece no se trata de una cuestión sentimentalista, ni mucho menos por la «moda»del feminismo. Ponerlas en el espacio y reconocerlas en la magnitud que les corresponde, permite entender que el presente no es una mera construcción de hombres y que el futuro, como siempre, dependerá tanto de ellas como de nosotros.
Nos acostumbramos como país a contar los «bonito» y no lo «incomodo» de aquellas que por uno u otro motivo a podido destacar en nuestra historia. Preferimos hablar de Claudio Arrau, el gran pianista chileno, pero nada contamos de Rosita Renard, aquella que tuviera una trayectoria tanto o más exitosa que el chillanejo.
Es que una sociedad «correcta» como la chilena no puede poner en el mismo lugar a una joven que decidió no casarse y abandonar sola la casa de sus padres para cumplir sus sueños. Ni hablar del caso de Mistral, esa «lesbiana» que fuera siempre rechazada por la aristocracia chilena e incluso por los círculos poéticos (Neruda incluido).
Seis años debió esperar Lucila Godoy para recibir el premio Nacional de Literatura, luego de que en 1945 se convirtiera en la primera Iberoamericana en recibir el Nobel de Literatura. Solo gracias a eso hablamos de ella en los colegios, pero la contamos como poetisa, jamás como político.
Mistral entregó un gran aporte en temas como la defensa de la infancia, la igualdad social, la educación, la democracia y el feminismo. Esta sería una de las maestras de otras que la historia calla, Elena Caffarena, junto con aportar una serie de escritos al Memch.
Caffarena, junto a una camada de grandes teóricas chilena, como Olga Poblete, Marta Vergara, Graciela Mandujano, entre otras, conformaron el Movimiento por al Emancipación de la Mujer Chilena, MENCH, que fuera vital para que en 1949 se alcanzara el voto universal femenino, y luego trabajarían para fomentar la inscripción de las mujeres en los registros electorales y potenciarían la participación de estas en política.
Pero el aporte de estas no terminaría en los temas de la mujer, por ejemplo Caffarena tendría un destacado aporte en torno a los temas de la infancia y los derechos humanos; o la porteña Marta Vergara fuera de ser escritora fundó el diario La Mujer Nueva, generando una revolución en las temáticas periodísticas.
Podríamos continuar un largo relato de mujeres invisibilizadas por la historia nacional y de como sus aportes al país han sido simplemente escondidos. Eso sin considerar a tantas mujeres que de manera silenciosa han forjado nuestra realidad, esa realidad que se construye en el bajo mundo del cual la oficialidad del relato ni si quiera toma como relevante.
Como medio hemos decidido ayudar a recuperar esa historia que no se cuenta, esa que se invisibiliza, en ser un pequeño aporte para que el trabajo generado por estas «próceres escondidas» sea recuperado y puesto en el sitio que les corresponde.

