
Por Heraldo Povea Pacci
Una curiosa controversia se ha generado en las últimas semanas por declaraciones del Ex -Presidente Lagos y varios otros comentaristas incluido el Diputado del PC, Guillermo Tellier. Aparentemente el debate se centra en si en Chile aún existe institucionalidad, o el pueblo estaría desconfiado de ella, por lo que el sistema no funcionaría o, por lo que dice Tellier, el problema es solamente transitorio.
Pareciera que nadie quisiera ver la cruda realidad de la institucionalidad chilena. Chile es una nación en la que prácticamente todas las instituciones han sido cooptadas por los partidos políticos y sus corrientes internas y, estos últimos, se ha demostrado a la saciedad en los últimos dos años, están debidamente controlados por los grandes intereses económicos locales y extranjeros.
En el caso de nuestro Congreso, el control ha sido evidentemente absoluto y todavía no sabemos si las leyes han sido realmente redactadas por aquellos intereses y no por los legisladores. La realidad que se ha podido constatar claramente en los últimos años, es que prácticamente todas las leyes han sido diseñadas para el beneficio de las grandes corporaciones económicas.
Por ello, el Poder Legislativo simplemente no funciona. Es decir, “funciona” en lo formal, pero dejo hace mucho tiempo de ser un órgano independiente y democrático. En otras palabras, NO funciona para el interés de nuestra Patria.
El Poder Ejecutivo ha demostrado similares características, aunque evidentemente es más difícil detectar las fuerzas ocultas operando en su seno. Sin embargo, nuevamente analizando los hechos sucedidos en los distintos gobiernos, incluida la Dictadura, una seguidilla de decisiones están claramente determinadas por los intereses del gran capital y el capital extranjero. Es decir, nuestros presidentes y obviamente nuestro dictador, TODOS, han respondido a intereses extraños a los del pueblo chileno.
Los privilegios de la gran minería privada solo fueron posibles gracias al Dictador, Aylwin y Frei, sin contar con l gran aplauso de los grandes empresarios a Lagos cuando termino su administración. Bachelet muestra regalos, que ya son clásicos, al gran empresariado, como fueron los manejos internos para permitir la construcción de una central termoeléctrica en Quintero y el reducir los límites de un parque nacional en Arica para permitir la explotación minera sin control. De Piñera no vale la pena hablar porque toda su gestión se centró en entregar más poder al gran empresariado y al Imperio.
En la actual discusión acerca de las AFP, todos los expresidentes apoyan la mantención de las AFP. NINGUNO siquiera plantea una alternativa. Por algo será.
El Poder Judicial es más difícil de disecar, pero solamente tomando en cuenta el destino de los miles de habeas corpus presentados durante la Dictadura, los que fueron sistemáticamente ignorados, es claro que este Poder estaba al servicio de la Dictadura y los grandes intereses económicos que la apoyaba. Después de llegar la alegría, la situación no es tan evidente, pero la opinión publica conoce de cientos de situaciones en que los fallos han sido claramente sesgados en favor de los poderosos. Esto sin detenerse en la consideración un tanto ingenua, que ha habido legislación que claramente nunca fue respetada por los grandes intereses, como por ejemplo la legislación que prohíbe el lucro en las universidades, ante lo cual el Poder Judicial desvergonzadamente hizo la vista gorda.
De otras instituciones del Estado, el listado de incoherencias que solo tienen sentido cuando se mira a quien protegen, es larguísimo. La Fuerzas Armadas con sus altos mandos metiendo manos por todos lados, producen vergüenza nacional. El Ministerio de Educación solo respondiendo a los intereses de los dueños de escuelas y universidades es un ejemplo claro de utilización política para incrementar ganancias y mantener poderes económicos. El Servicio de Impuestos Internos claramente siendo selectivo en sus acciones y por supuesto protegiendo al poderoso. Solo la Contraloría pareciera escapar a la norma y el Ministerio Publico parece mantener cierto decoro.
Sin embargo, lo más siniestro es que los contextos valóricos en los que se desenvuelven las Instituciones públicas, permiten ser pesimista respecto al conjunto de la Institucionalidad chilena. Resulta claro en estos días, que el cuoteo político, el clientelismo y el caudillismo chato, son maquinarias que determinan la conformación humana de nuestras instituciones. Su resultado es que día a día tenemos personajes mediocres y absolutamente sin ningún sentido ético ocupando lugares en el aparato del Estado.
Los partidos no cesan de colocar sus operadores y monigotes en lugares para los que no tienen ninguna habilidad ni capacitación. Los millones de pesos de las peguitas estatales con que se compra el servilismo, obligan a olvidar principios éticos y políticos y los ministerios se llenan de funcionarios que solo cubren sus posibilidades de mantenerse en sus cargos a toda costa y, por tanto, sus instituciones solo responden a los intereses pequeños y bastardos de sus partidos, grupos, poderes facticos, olvidando sus obligaciones para con la Nación toda.
No hay crisis institucional: La institucionalidad chilena simplemente NO existe. Se vendió hace más de 30 años. Los chilenos ya no desconfían de las instituciones: los chilenos saben que la institucionalidad solo sirve al gran capital y al Imperio.
Es por esta ausencia de Institucionalidad al servicio de la Patria el que Los Chilenos sabemos que debemos construir un Chile nuevo desde las bases.
Solo una Constitución democrática, popular y definida en una Asamblea Constituyente nos podrá dar una nueva Institucionalidad que funcione para el conjunto del Pueblo de Chile. Solo el ejercicio de una democracia participativa y por la base extirpando toda forma de burocracia cupular podrá garantizar un Chile de todos.
Solo el desmembramiento del Estado actual y el rescate de un sistema valórico centrado en la honestidad, el patriotismo, la solidaridad, la participación popular y el rechazo total a toda forma de corrupción, permitirá entregará a nuestros hijos y nietos un Chile digno y merecedor de tanto sacrificio desplegado por el Pueblo en la defensa du una verdadera Patria para todos.

