
Iniciaban los años 90′ y el fin de la dictadura suponía para los chilenos un cambio no sólo de quien mandara y a forma de elegirlo, si no que también un cambio en las formas de hacer las cosas. Punta Arenas no era la excepción, pero la realidad les golpeó en la cara cuando vieron como el Estado de Chile regala, literalmente, a la empresa canadiense Methanex el gas encontrado en la extrema ciudad.
El acuerdo para entregar sin costo alguno la explotación del combustible a la empresa extranjera fue que esta debía generar empleo para la gente de la zona y vender este vital combustible a precio preferencial para los habitantes del lugar. Iniciadas las operaciones la firma canadiense otorgó 250 empleos en sus tres plantas de elaboración, del costo no de venta del gas no hay mucho más que decir, se cobró lo mismo que al resto solo con la diferencia de no cobrar traslado, según lo señalado por los vecinos de Punta Arenas.
Pasados unos años y producto de la sobre explotación indiscriminada del recurso se redujo el nivel de producción, y por tanto el número de trabajadores. En la actualidad Methanex sólo mantiene una planta de elaboración, la que durante varios años sirvió para procesar gas argentino, a muy bajo costo, el que era devuelto íntegramente para el otro lado de la cordillera.
Hoy Methanex Chile mantiene sus operaciones paralizadas por escasez de la materia prima y estiman que no se reactivarán antes de Septiembre de este año. Cuando se encuentra en pleno funcionamiento no da más de 50 empleos y el gas generado no se da a un precio preferencial para la gente de Punta Arenas, quienes necesitan de este para la calefacción.
Este acuerdo fue tomado por el Gobierno de Aylwin y corroborado por Frei, quien además nunca sanciono a la gasífera originaria de Canada por no cumplir las condiciones pactadas.
¿Porqué se regaló el gas de Chile?
Según la entrevista dada por Lilian Riquelme al periodista Adolfo Garrido para su libro «Chile, Zona de Sacrificio» (2014), esto no fue más que un robo en beneficio de unos pocos (p. 77). «En Argentina, por ejemplo, hay tal nivel de recursos que hay plata para robar y para repartir, pero en Chile alcanza para robar o para repartir» señaló la dueña del hotel Hain de Punta Arenas.

