
Galeano permanece; es de aquellos que demuestran que el mundo está al revés y que así el cerebro ordena las imágenes en el cristalino del ojo, quizá para tomarse su tiempo, quizá el miedo obliga a dar vuelta las cosas. Hay quienes saben de aquello, por ejemplo los que tienen el capital y a través de su prensa sostienen que la naturaleza es la responsable de los desastres, mientras en realidad ella es otra de sus víctimas. Las cosas son desde y como se miran. Para saber, uno se pregunta: ¿El desastre del norte de nuestra patria será culpa de la NATURALEZA o responsabilidad de la incapacidad, el silencio y el no cumplimiento de las leyes que norman la República, o peor aún, de quienes han tenido la potestad y la autoridad de hacerlas cumplir y han mirado para el lado?
La respuesta está en los hechos.
Los responsables son aquellos que detentan el poder entregado por el único soberano en las votaciones, los que no aplican la ley que nos rige, aquellos que compran a políticos porque son parte de su botín, y los llamados servidores públicos que, por razones complejas, ni siquiera ven al revés porque, simplemente, prefieren no ver y miran para el otro lado. Entre estos últimos pareciera estar la ministra de Vivienda y Urbanismo, Paulina Saball, y todos los Seremis de la cartera, quienes, teniendo la facultad y la autoridad para detener los ilícitos y omisiones de empresarios codiciosos, han caído en un grave y notable abandono de sus deberes.
Las consecuencias de sus no actos, a lo menos, debieran llevarlos a renunciar, no solo a ella, sino que todos los Seremis de la zona de la catástrofe de esa cartera. Los muertos y desaparecidos, las vidas hundidas en lodo contaminado son más que razones que claman justicia en Chile y vaya si lo sabemos y exigimos.
Que las instituciones funcionen es la tabla con que pretenden salvarse hoy; pues bien, que lo hagan las de la ciudadanía, que el Colegio de Arquitectos haga lo que debe y también los urbanistas que conocen la norma; que los ambientalistas y los dirigentes politiqueros alcen la voz para que se cumpla la ley, caiga quien caiga. Sin embargo, una vez más vemos cómo muchos de esos optan por el silencio, ese que disfraza el miedo; temen perder el cupo en la nómina de la coalición gobernante en las próximas elecciones y la oposición teme que quienes terminen siendo acusados sean los mismos que pagan boletas truchas, otros la posibilidad de ganarse alguna obra, algún proyecto. El silencio cobarde y cómplice culpa a la naturaleza, pero la verdad es que, sabiendo y teniendo las herramientas para que estos desastres no cobren vidas, tratan de tapar el sol con un dedo y esconden las leyes de los afectados bajo el mismo lodo de ellos, los manoseados.
Obras son amores. ¿Qué dice la ley de Urbanismo y Construcción?: “Artículo 22.- Los funcionarios fiscales y municipales serán civil, criminal y administrativamente responsables de los actos, resoluciones u omisiones ilegales que cometan en la aplicación de esta ley. Artículo 23.- El Ministerio de Vivienda y Urbanismo o los Secretarios Regionales del mismo podrán requerir del Consejo de Defensa del Estado la iniciación de las acciones criminales que procedan, cuando comprobaren que el Alcalde de una Municipalidad ha incurrido en violaciones de las disposiciones de la presente ley, su Ordenanza General u Ordenanzas Locales, sin que sea necesaria, para estos efectos, la declaración previa de ilegalidad de los decretos del Alcalde. Será causal de remoción de los Alcaldes el incumplimiento de las obligaciones que impone la presente ley, especialmente en los casos de interferencia en el procedimiento de denuncia y sanciones contemplado en este Capítulo”. Esta ley debiese contemplar también como acción criminal el no ejercer esta potestad por parte de los Seremis de la cartera y del ministro o ministra, ya que, como es sabido, varios de ellos son responsables de los ilícitos administrativos que se han cometido, como por ejemplo: permitir construir locales comerciales públicos en zonas de aluviones.
En la otra vereda (hoy sabemos que es la misma gracias al lodo), Mall Plaza es responsable de haber alterado el curso de las aguas del rio de la Ciudad de Copiapó y, por lo tanto, del desastre que a propósito de eso se produjo. Mall Plaza es culpable de detener las aguas que debían llegar al mar en Antofagasta y, por tanto, responsable de los anegamientos de sus vecinos y de las pérdidas ocasionadas. Mall Plaza será también responsable de las muertes que deriven de su obra si insiste en construir su centro de comercio en Valparaíso en zonas de inundación por tsunami. Los dueños de Mall Plaza actúan como una banda, consiguen los permisos de construcción, ambientales, los de las modificaciones de suelo y de los planos reguladores, y todo Chile sabe hoy cómo lo hacen, cómo vinculan su negocio a la política, por eso varios de sus cómplices están siendo investigados por fiscales. Son todos de la misma “familia”.
Galeano nos contó la historia de una mujer que afirmaba que nuestro enemigo principal era el miedo, ella junto a otras cuatro mujeres iniciaron una huelga de hambre que no terminaría hasta que una de las dictaduras más sangrientas de Bolivia cayera. Varios se rieron al verlas tan solas; al mes las mujeres en huelga eran cientos, después miles, llegaron a ser cientos de miles y la dictadura cayó. Esa mujer tenía razón y los que se reían NO. Los que versean discursos conciliadores, los que justificaban lo injustificable culpando a la naturaleza, tienen miedo y ese es el peor enemigo, como lo decía la mujer de Oruro.
Ese que te paraliza, el que te transforma en servil, en otro esclavo más del sistema y, con ello, en traidor. Paulina Saball debe destituir y perseguir criminalmente a los funcionarios fiscales que cometieron ilícitos. Sobre sus conciencias están los más de cien desaparecidos y los más de 20 asesinados por la codicia y la corrupción. De no hacerlo, le recomiendo renunciar porque abandonó sus deberes y la potestad que la República le concedió y los “nadie” de Galeano le van a pesar más de lo que cuesta el lodo que ahoga.

