Por Jorge Bustos, Candidato a CORE y presidente de la Congemar
Resulta raro hoy entender el porqué Salvador Allende se despide en su último discurso de todos menos de los partidos que componían la Unidad Popular (UP), más aún que nos quería decir,como buen político, que serán “Otros hombres los que abrirán las grandes alamedas”.
Esas ideas y constataciones me hicieron sentido al entrar el 26 de septiembre al mítico Caupolicán; la energía, las esperanzas, la fuerza y la decisión convocadas desbordaba la imaginación. Eran mis sueños, los de mi madre, de la mayoría de mis hijos, de algunos de mis hermanos obreros que hemos sido parte de la resistencia de las ideas, de la Patria Grande de hace más de 500 años y que, de cuando en cuando en la historia, hemos logrado unirnos para luchar por ellas.
Resulta casi increíble que después de 40 años de tener la hegemonía y, por lo tanto, la dirección de la izquierda chilena, no se lograra la unificación de tantos sueños y voluntades; cómo es que en algún recodo de la historia se haya perdido la capacidad de leer y olerlo que decía la calle y ponerla tras la senda correcta. Algunos avezados dirán que cada idea tiene su tiempo y los tiempos anteriores no lo fueron, pero como dice el gordo Carrizo, todos llevamos adentro un luchador, un justo, un decente, un inclaudicable. Es cosa que nos ayuden a encontrarlo.
Sin duda la Izquierda parida el 26 de septiembre en el Caupolicán es robusta y potente, se mira a los ojos y se dice las verdades, como los amantes y como los amigos. Cada uno sabe que sin el otro no es nada, y por eso se respeta y se cuida. No seguimos los textos europeos porque somos del Sur, sí, siempre del sur, de entre el Pacifico y el Atlántico,diferentes por el viento que nos refresca y nos cala, por lo tanto ya es parte de nuestro cuerpo como hoy se canta por nuestro jóvenes.
Claro que uno no solo debe agradecer las herramientas entregadas para poder luchar contra una dictadura bestial, sino también por la academia y la famosa dialéctica para entender el mundo. Pero,por sobre todo, uno debe agradecer el que nos dejaran y se fueran con su pragmatismo político, con su disciplina discursiva cacareada al unísono, con su sordera y verdad irreflexiva, al lado de los que no sueñan y fueron derrotados de conciencia, que no saben que es posible mil veces vencer las batallas quesean, que aún desde la sangre y el horror renaceremos y que, si lo hacemos, no es para ser servil al imperio, sino para luchar por lo superior, por lo digno,por la patria.
Gracias, y esperemos que enderecen el camino, que cuando vuelvan sea con Neruda y sus odas a las cosas simples,acompañados de Víctor con la guitarra en sus manos, esas cortadas por causa de quienes hoy proclaman.

