De la violencia y otras yerbas.

Foto: Andrés Milagros.

El actual y alicaído movimiento estudiantil de este año ha dejado tras de sí, una escalada de violencia de punta a punta, en la copia feliz del edén, esos chiquillos y ya no tan chiquillos, los criminalizados “infiltrados” han teñido el carnaval de negro lumpen. Apuntados por lo medios de estupidización, como delincuentes que nada tienen que ver con el sobrevalorado movimiento ciudadanista que protesta con alegría. ¿Como se puede estar contento cuando se esta enojado?

Los movimientos ciudadanos se han masificado através del globo, una muestra reciente es el movimiento indignado, que de indignados tiene bien poco, según la biblia de la lengua española, indignado significa Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos, por lo tanto los movimientos fiesteros shuperlokos nada tienen de indignados, compuesto por ciudadanos que si bien están contra el mercado, la explotación de la tierra y de los seres, no están de ningún modo  contra el Gobierno de unos sobre otros, todo lo contrario lo validan, marchando y manifestándose bajo las reglas del enemigo, pretendiendo un cambio reformista que no proporciona mejoras sustanciales ni reales a este modo de vida asesino, que cimienta sus bases en la negación del ciudadano de superar la postura de dominados y dominadores, en la búsqueda errática de humanizar el capitalismo, darle un sentido critico, para que sea mas justo y sensibles a las desigualdades sociales.

Según las marionetas del estado (Carabineros) el aumento de encapuchados es de un 400%, comparado con el año 2010, grupo compuesto por jóvenes de diversos estratos sociales, asociados en uno, “el lumpen”.   Es en este escenario donde resurge entre las nuevas generaciones una tendencia insurreccional, que no se identifica con formas controladas de organización, sino a través de la práctica del ataque directo al poder sin admitir negociación, diálogo o intermediario alguno con éste, los llamados salvajes , odiados por Hinzpeter y su aparato represor, los responsables  de la violencia callejera, a esos que es necesario encarcelar, aquellos que buscan, promueven y llevan a la practica la violencia, cansados de poner la otra mejilla, utilizan la violencia como  respuesta frente al estado y sus políticas neoliberales, frente al actuar de las fuerzas policiales,  un movimiento insurreccional espontáneo, que no es liderado por ningún vocero , ningún héroe de la revolución , a quienes no representa ninguna Vallejos ni un Jackson , un movimiento conducido por individualidades que actúan en conjunto en la revuelta , esos que persiguen el cambio real, a través de la tensión social buscan el quiebre estructural  del sistema , desde su raíz.

Por un lado está el lumpen no ideologizado, que actúa mas por instinto que por convicción ideológica, responde a la violencia de la que ha sido victima desde que dio su primer halito de vida, en condiciones de pobreza e inequidad, esos que no llegan a la universidad, a quienes no les interesa ni tiene porque interesarle, las manitos de gato a un sistema que lo odia, mata, asesina y excluye. Por otro lado esta el lumpen que responde a una ideología, su objetivo  inmediato es la destrucción de los aparatos de poder y sus símbolos,  superan la mera reivindicación de causas pequeño burguesas, se hacen dueños de su propia vida y construcción histórica.

Los ciudadanos y los  “revolucionarios” etapistas, que van primero por una reforma, luego por las otras hasta  conseguir la victoria final que se aleja cada vez mas,  se encuentran inmersos en la sociedad del espectáculo, esa que permite lucir la pose «radical» sin riesgo de serlo y a la vez  mantener pequeños reductos de poder, en la forma de jerarquías naturales traducidas en colectivos, federaciones, partidos de ultraizquierda, etcétera, formas de organización que extrapola las mismas formas del estado mercantil. Los bien llamados infiltrados (todos aquellos que no se siente parte de este mundo absurdo) hacen del cambio un aquí y un ahora, escapando al Realty rebelde.

Más allá de la posible moda de la violencia, quienes adoptan esta forma de lucha, no deben/mos convertir la violencia en un fin en si mismo, hacer de la violencia una fuerza creadora, la destrucción como base para un nuevo mañana, destruir lo de fuera para destruir al capitalista que llevamos dentro, mas allá de la barricada y el enfrentamiento, deben/mos llevar la destrucción a la cotidianidad, la destrucción de las relaciones sociales jerarquizadas, heteronormadas , clasistas y mercantiles, sin esto la destrucción material  no será mas que una anécdota en los almanaques de la historia oficial , una mas de esas revueltas sin puerto y en nuestra historia otra batalla perdida.

Por Engrifada

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