
Es imposible negar que el año 2011 será siempre recordado por la movilización estudiantil.
Un año marcado por las voces ciudadanas clamando al gobierno de turno por educación gratuita, digna y más humana. La educación de los últimos 30 años ha convertido a Chile en un pueblo adoctrinado por las políticas neoliberales y de mercado, que reducen al ser humano a un simple ente de consumo.
Ahora, a través de la contingencia educacional quiero insertar el debate a través de un tema mucho más profundo: cómo el actual sistema neoliberal capitalista comienza su colapso desde “lo social”.
Año 1973: inicio de la dictadura militar en Chile. Contexto: plena Guerra Fría.
La década del ’70 es víctima de la lucha incansable entre EEUU y la URSS por dominar los centros de poder mundiales. En este marco, es traído a Chile el sistema neoliberal capitalista, que, recordemos, es una “nueva versión” de lo que fue el liberalismo del siglo XIX. Es menester mencionar este dato porque el Liberalismo es sustentado en el ius naturalismo, es decir, en derecho “natural” del hombre que le asegura el completo acceso a la libertad, felicidad, seguridad, educación y salud. Ahora, veremos más adelante cómo el neoliberalismo olvida esta matriz inicial de su predecesor y contradice su propio origen.
La Guerra Fría es clave para la comprensión de la actual crisis chilena, pues es en esta instancia en donde EEUU comienza a dominar a los países de América Latina para alcanzar su macro objetivo de dominación mundial. Tardó un par de años para que los “Chicago Boys” fueran instruidos por el premio Nobel de Economía Milton Friedman, profesor de la Universidad de Chicago, la cual venía ideando este sistema capitalista desde hace muchos años. Pues bien, como lo menciona Naomi Klein en “La Doctrina del Shovk”, Chile sería el primer experimento.
Pero este ya es cuento conocido, por lo que profundizar en datos históricos no viene al caso. Lo importante es tener presente que desde este acontecimiento los servicios públicos son privatizados y pasan de ser derechos básicos a ser bienes de consumo, tal como lo fue la educación en el año 1980.
Más de 3 décadas han pasado desde que intentamos convivir con empresas, especialmente españolas, que nos venden a precios altísimos lo que debiera ser gratuito, o tener, al menos, un precio con carácter ético social.
Pero he justamente aquí el problema: ¿Tiene el sistema neoliberal algo de “ética-social”?
Quiero poner un tema sobre la palestra: El caso de los indígenas de Chiapas abusados por el neoliberalismo.
1 de enero de 1994. Este día entra en vigencia el Tratado de Libre Comercio firmado el 17 de diciembre de 1992 entre México, Estados Unidos y Canadá, el cual tiene por objetivo obtener “beneficios” económicos a los países, mediante la eliminación de cualquier traba en las transacciones comerciales.
¿Cuál sería entonces el problema? Según cifras del VII Encuentro-Debate América Latina Ayer y Hoy, “Conflicto y Violencia en América”, el Estado de Chiapas, para el año 1995, contaba con 3.584.786 habitantes, de los cuales un 27,6% eran indígenas. En materias económicas, Chiapas concentra la producción de un 55% de energía hidroeléctrica del país y mantiene un 81,2% de la exportación petrolera. El 83% de los indígenas viven del campo y de las riquezas naturales, como el agua, maderas nobles, café, petróleo y ganado de vacuno. Estas cifras fueron brutalmente arrebatadas luego de la firma del TLC, estando los habitantes de Chiapas condenados a la miseria.
En esta coyuntura se hace presente el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que el día 1 de enero del ’94 tienen más de 5000 indígenas marchando (de un total de 15000 personas) hacia San Cristóbal de las Casas. Este zapatismo es un movimiento que debe ser entendido no sólo como indígena, ya que sus demandas apuntan a una reforma completa del país, imposible de realizar sin el apoyo de la sociedad mexicana.
La lucha zapatista ha trascendido a nivel mundial por ser una búsqueda constante de la ética, el humanismo y la democracia, las cuales están hoy más que nunca monopolizadas por las esferas de poder del Estado.
De una u otra forma estamos identificados con el caso mexicano, pues lo que comenzó como un movimiento exclusivamente universitario se ha convertido en un movimiento social, que abarca todos los ámbitos de la ciudadanía. El pueblo poco ha dudado en apoyar esta causa, porque se siente igual de desposeído frente a este sistema que parece devorarlo todo. Al igual que el movimiento zapatista, los estudiantes del 2011 buscan reformular el concepto de sociedad, en donde, a través de la nueva propuesta de educación, se replantee también el sistema de impuestos que haga más igualitario el diario vivir.
Históricamente las luchas sociales buscan emancipar a las clases políticas del centro del poder, pero esta lucha social-estudiantil ha logrado emancipar al hombre de sus propias cadenas de la inconsciencia e ignorancia, elevándolo a una categoría en donde ya no se aceptan las políticas neoliberales fácilmente.
Finalmente, tal como menciona Roger Ángela en su texto “Chiapas: 500 años de resistencia”, no debemos olvidar que las fuerzas insurgentes recordaban al mundo que los olvidados de siempre seguían luchando para poder subsistir mientras que el gobierno que tenía el mandato de servirles, abrazaba el modelo neoliberal exportado de los EEUU, donde las minorías hasta entonces silenciosas tenían reservado el papel pasivo de los excluidos sociales.

